domingo, 23 de marzo de 2014
Onesimo Padrón Lara
N. 31 de octubre de 1950
A fines de la década de los 20´s
llega al municipio de Antiguo Morelos una familia oriunda del estado de San
Luis Potosí; Julián, Ángel, Juan y Sergio Padrón Ventura, quienes con la
ilusión de mejores oportunidades, llegan a este municipio tamaulipeco y les
toca la suerte de ser fundadores del ejido El Sauz. De esta familia desciende
nuestro biografiado, quien tuvo la dicha de que fuera su padre el señor Ángel
Padrón.
Onésimo Padrón creció rodeado de músicos
de vara, como dicen en nuestro pueblo, oyendo canciones según comenta, como
“indita mía” y “prieta linda” tocadas por sus hermanos, primos y tíos quienes
se dedicaban a la música. Tuvo varios hermanos: Fortunato, quien tocaba la
quinta huapanguera en el trio “tamaulipecos de Mante”; Eladio, músico de jarana
de forma amateur; Honorio, quien tocaba “minuetes” en los velorios; Isidro,
quien toca el violín, de ahí siguen: Altagracia, quien murió joven, Concepción,
Engracia, Eustolia, Alfredo y Onésimo.
Como dato, un primo de Onésimo
toco en el conjunto típico tamaulipeco, su nombre Serapio Padrón Reyes, hijo de
su tío Juan Padrón Ventura.
Onésimo contrajo nupcias en un
primer matrimonio y procreo a Briseida Padrón Rodríguez. Posteriormente el 15
de agosto de 1999 se casó con la señorita Nancy Martínez Rodríguez con quien
procreó a Cristian Alejandro, Rosa María, Evelin Padrón Martínez.
Cuenta que aprendió los acordes
de la guitarra quinta solo y oyendo a sus hermanos mayores. En 1983 formó junto
a su hermano Isidro (Violín) y su primo Amador Padrón (jaranero hermano de
Serapio el del típico tamaulipeco) el trio Hermanos Padrón, quienes con su
estilo diferente deleitaron a mucha gente en esta región tamaulipeca.
A la muerte de su primo Amador
entra al trio don Pedro Hernández - Q.E.P.D-
oriundo del Naranjo, S.L.P.
Relata Onésimo que dentro de la
música se viven muchas alegrías y también se batalla y se sufre. Con sus
hermanos recorría las calles de Cd. Valles, El Naranjo, Mante y Antiguo Morelos
de cantina en cantina, para poder darle el pan de cada día a su familia.
En el trienio del profesor Javier
Molina Barrera el ayuntamiento le obsequio a cada uno de los integrantes del
trio una bonita cuera tamaulipeca y no había festival en el municipio a donde
no los llevaran a tocar.
Otro de los momentos que marcaron
su vida dentro de la música, fue cuando
fueron invitados a participar a un encuentro de huapangos en Xilitla,
S.L.P. Los hermanos Padrón nunca
grabaron un disco de forma profesional; hay tres producciones grabadas de forma
amateur, una de ellas fue precisamente en Xilitla y dos más en bares de Antiguo
Morelos.
Hoy el futuro de los hermanos Padrón
es incierto, don Pedro Hernández falleció, Onésimo fue amputado de una pierna,
solo Isidro se mantiene activo tocando en bares de Cd. Mante.
Para finalizar la entrevista me
comentó Onésimo que le gustaría que el gobernador y las autoridades del ITCA le
donaran una prótesis, para de esa manera seguir trabajando en lo que más le
gusta, la música de huapango.
¿La madre de Joaquín Hernández Galicia "La Quina" era de Antiguo Morelos?
Platicando en días pasados con doña Rosalva Arteaga Espriella descendiente de la familia Galicia de este municipio, me mostró esta fotografía que data del 4 de abril de 1944, en ella aparece en medio, una señora de nombre Leonor Galicia y su hermano Pedro Galicia a su izquierda. A su derecha se observa a su hijo, un niño de traje que supuestamente es Joaquín Hernández Galicia, “La quina”, ex líder petrolero nacido en Tampico, Tamaulipas el 12 de agosto de 1922. Indagando en páginas de genealogía como “familysearch” descubro que según el censo de 1930, vivía una familia en Cecilia, Tamaulipas (hoy ciudad Madero) cuya madre se llamaba Leonor Galicia y que tenía un hijo de nombre Joaquín Hernández que por la edad coincide con la del ex líder petrolero (nacido en 1922). Otro dato que me hace pensar que es muy probable esta teoría, es que en su libro autobiográfico menciona a su mama Leonor. Según me han comentado, “la quina” estudio primaria aquí en Antiguo Morelos para después irse a Tampico, esto es tradición, no he dado con la fuente para confirmarlo. Lo que si se, es que Leonor Galicia era hija de Lázaro Galicia, hermano de Pánfilo Galicia (político antiguomorelense de fines del siglo XIX) y nieta de don Porfirio Galicia y de doña Nazaria Salazar.
sábado, 22 de marzo de 2014
La Casa Embrujada de Antiguo Morelos
Por: Francisco Ramos Aguirre
Aquella
mañana de noviembre de 1873, todo transcurría normal en el Rancho Allende de Antiguo Morelos. Después de ordeñar las vacas y
supervisar la cosecha de maíz; Eusebio Balderas, entró a la bodega donde
guardaba el algodón, y se detuvo estupefacto a la mitad de la habitación. Sus
ojos no daban crédito a lo sucedido. Inexplicablemente, y sin alguien de por medio,
los sacos de fibra, empezaron a trasladarse hacia el tejado de palma. Al
principio atribuyó dicho fenómeno a las ratas de campo. Horas más tarde, la
sorpresa fue mayúscula, cuando jorongos, almohadas, ropa y otros artículos
domésticos se movían de su lugar, sin presencia de los roedores.
Don
Eusebio avisó a su esposa Alejandra Cruz y después de analizar la situación,
atribuyeron la causa a los duendes o malos espíritus de la antigua casona. Para
ahuyentarlos, convocaron al resto de la familia a la modesta capilla instalada
del rancho. El propósito era ahuyentar las
fuerzas del mal, y por ello iniciaron un ritual de oraciones, jaculatorias,
velas encendidas, incienso y agua bendita. Al día siguiente, lejos de aminorar
la situación, los sucesos extraños continuaron con más fuerza.
A media tarde, doña Alejandra pasó gran
parte de la jornada, seleccionando algodón para hilar. Antes de dormirse,
colocó el producto de su trabajo y el malacate en un costurero. Al amanecer,
encontró el canasto vacío. Después de buscar la fibra durante una hora, encontró
el malacate en el tapanco. Junto a él, varios kilos de algodón hilado de
extraordinaria calidad y textura, como si se tratara de un trabajo realizado
por una máquina textil.
Cuando
las mujeres entraron a la cocina a preparar los alimentos, no localizaron en su
lugar las manos del metate, ni la piedra para moler la salsa picante. A las
pocas horas, salieron al campo, donde fueron localizados los implementos del
metate, no así la bola del molcajete envuelta en un trapo y colgada en el
tejado de la casa. Así, en el transcurso de los días, inexplicablemente
cambiaron de lugar: servilletas, almohadas, cobijas, ropa y otros artículos.
Ante tal situación, decidieron comunicarle dichos fenómenos al cura Jesús
Rodríguez de la parroquia de Antiguo Morelos.
El opinó sobre la presencia de
brujas, diablos y duendes en ese lugar.
Por tal motivo, dispuso bendecir y
lanzar algunos conjuros en la casa. Una noche, al entrar el clérigo a la
habitación más amplia, poseída por los malos espíritus; Eulogia Balderas, hija
de Eusebia, se quitó el reboso ante la presencia y lo colocó en una grada.
Minutos más tarde la familia y el sacerdote, se percataron que había
desaparecido. Entonces lo buscaron infructuosamente por varias horas. Como
último recurso, abrieron con una llave la cerradura de un viejo baúl y sacaron
la ropa, pieza por pieza. En el fondo, estaba el rebozo, cuidadosamente
doblado. Al desplegarlo, se fragmentó en cuatro tiras, perfectamente cortadas
con tijeras.
Éstos y otros extraños fenómenos,
continuaron presentándose varios días. Otras veces, ante la vista de familiares
y vecinos, flotaban en el aire: metates y costales de sal que luego se
derramaban en el suelo. Cierta ocasión, las jóvenes Plácida y Anacleta,
extrajeron de la noria dos cubetas de agua, y en trayecto, las correas que las
sostenían se desataron. Ambas mujeres fueron sujetadas y arrastradas varios metros por la reata. En tanto, en
presencia de algunos testigos, manos
invisibles accionaron unas tijeras y cortaron las trenzas a la misma Anacleta.
Igual sucedió a Lucía de cinco años, a quien despojaron de sus trencitas. Otras
veces, aquellos seres invisibles lanzaban piedras, sin que les causaran daño.
Los Balderas acudieron nuevamente al
presbítero de Morelos, quien les recomendó consultaran a Ramón Lozano, un ex
sacerdote que vivía en la Hacienda del
Tigre. “Esto no tiene ninguna semejanza con diablos, brujas o duendes. No
crean en eso, sino en un Dios todo poderoso.” Les dijo, mientras se declaraba
incompetente para descifrar los raros acontecimientos. En cambio les entregaba
una carta dirigida a un espiritista de la Villa de Quintero.
Desesperado, antes de regresar a su
terruño, Balderas visitó algunos amigos en Ocampo y les platicó sus inquietudes
en busca de un consejo. Unos se inclinaban por los diablos, otros afirmaban que
eran duendes traviesos; mientras las mujeres atribuían los males a las brujas.
Cuestión de fe o casualidad; después de
acudir con el brujo de Quintero y acatar sus recomendaciones al pie de la
letra; increíblemente los misteriosos
acontecimientos se suspendieron de la noche a la mañana. A partir de ese
momento, la tranquilidad reinó de nuevo en la casa de aquella familia.
(Basada en una nota del periódico El Radical, México, D.F,
22 de marzo de 1874, p. 1)
Ramón Lozano: El padre Amaro del siglo XIX
Por: Francisco Ramos Aguirre
A fines de esa centuria, el sacerdote
protagonizó una escandalosa relación en Santa Bárbara, hoy cabecera de Ocampo;
a viento y marea defendió su amor terrenal y abrió la puerta a otros curas
que cedieron a esa tentación
Desde sus orígenes coloniales,
Tamaulipas se distinguió como un territorio renuente a la evangelización de los
frailes católicos. Esta percepción de estado laico, se reflejó en el siglo XIX
y parte del XX. En 1910, durante un recorrido por las principales poblaciones
de la entidad, el viajero italiano Adolfo Dollero, percibió entre otras cosas,
la postura anticlerical de sus habitantes y escribió en su diario: “Hemos
podido observar que en Tamaulipas no hay ese fanatismo religioso que domina en
otros estados de la República. El pueblo tamaulipeco es bueno, pero no tolera
yugos ni vejaciones.”
Al proclamar Benito Juárez las Leyes
de Reforma, algunos sacerdotes, adoptaron conductas radicales respecto a su manera
de pensar. Por su trascendencia internacional, el caso más sonado fue el del
presbítero Ramón Lozano, encargado de la parroquia de Santa Bárbara, actual
cabecera municipal de Ocampo, donde se ganó el aprecio y confianza de los
feligreses que acudían a escuchar sus sermones.
La primera referencia sobre su
estancia en este sitio, se remonta a 1853, como fundador de una escuela
parroquial, donde impartía gratuitamente la cátedra de gramática latina a los
niños pobres de la población. Tenía una enorme autoridad, no sólo en Santa
Bárbara, sino también en Nuevo Morelos, Tula, Villa Quintero y Magizcatzin.
Gracias a sus buenos oficios, logró establecer vínculos con las élites
políticas y económicas de aquella época.
Santa Bárbara era una población
ubicada en un punto geográfico estratégico. Paso obligado de viajeros,
comerciantes, autoridades, arrieros y caravanas que se trasladaban entre
Tampico y la capital del país. En 1823, el famoso embajador norteamericano Joel
Poinsett, la describe como un sitio rodeado de vegetación exótica y abundantes
árboles verdosos. Las mujeres ricas y republicanas, se congratulaban con la
independencia porque gracias a ella: “Ahora que ya no nos gobiernan los
gachupines, nos llegarán bonitas telas a precios baratos.”
Refundido en aquél vergel enclavado
en la Sierra Madre Oriental y difícil acceso; fascinado por las bellezas
femeninas de Santa Bárbara, el cura Lozano cometió la barbaridad de enamorarse
de una doncella, quien le hizo perder no sólo la cabeza, sino también los votos
de castidad y obediencia. Se llamaba Cesaria Quintero, perteneciente a
una familia de abolengo. Como se dice en la actualidad, don Ramón la eligió de
pareja sentimental y vivieron un indiscreto romance hasta que la muerte los
separó. Todo el pueblo sabía de sus amoríos, menos las autoridades
eclesiásticas, o al menos se hacían de la vista gorda.
Desde 1854, Lozano empezó a mostrarse
rebelde ante la jerarquía católica, participando con otros curas en reuniones
donde trataban temas reformistas para su iglesia. Por ello, cuando se promulgó
la Constitución de 1857, no dudó en simpatizar con ese proyecto liberal y
acudió a la protección de las Leyes de Reforma. Sin titubeos, fuera de
simulaciones y doble moral, determinó provocar un escándalo, capaz de rebasar los
límites de Tamaulipas.
El 9 de enero 1861, envió al Congreso
del Estado un documento solicitando el reconocimiento ciudadano de sus hijos
“naturales”: “El presbítero Ramón Lozano, cura propio de Santa Bárbara, ante
V.H. con profundo respeto comparezco que tengo un niño, hijo mío de cuatro a
cinco años de edad, llamado Ramón. Otro de tres a cuatro, llamado Pedro; y una
niña de once meses llamada Cesaria, cuya madre es doña Cesaria Quintero, de
quien han tomado el apellido y llamádose hijos naturales; que los quiero como a
nadie sobre la tierra, y aspiro a su bienestar, educación y felicidad como el
mejor de los padres, deseando por lo mismo tengan los goces y beneficios que la
ley concede a los hijos legítimos. Y sin que esto no podrá ser, sin que intervenga
en ello la Soberanía del Estado.”
Esto, desde luego motivó una gran
polémica entre los diputados, motivo por el cual corrieron ríos de tinta en los
periódicos locales y nacionales. Por su parte la iglesia católica, en la voz
del obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González, satanizó su actitud
desde el púlpito. En abril de ese año publicó una carta pastoral, cuestionando
la actitud del párroco y desaprobando los sacramentos que impartiera. Además
amenazó con excomulgarlo por haber legitimado a sus hijos. Se refiere a él con
calificativos agravantes: “Párroco Desgraciado”, “Desdichado”, “Su corazón será
devorado por los más atroces remordimientos” y “abominable”.
Lozano defendió su proceder enviando
una carta aclaratoria con mucha salva al periódico: Rifle de Tamaulipas. Pone
de ejemplo la conducta de otros sacerdotes pertenecientes a la misma parroquia
de Santa Bárbara: “Todos mis antecesores…fueron tan frágiles como yo: los más
virtuosos y modestos tuvieron hijos que aún viven en la miseria, por no haber
cumplido sus padres con los deberes de la naturaleza.” Argumenta que la Mitra
de Monterrey, en lugar de sancionarlos, los premiaba asignándoles mejores
lugares para propagar la fe.
La principal causa de la ruptura
entre Lozano y la jerarquía eclesiástica no fueron las pasiones carnales ni su
ideología liberal. La gota derramadora del vaso de agua fue la convocatoria a
los feligreses de Santa Bárbara y Nuevo Morelos, exhortándolos a fundar una
nueva organización religiosa, independiente de Roma. Así surgió La Iglesia
Católica, Apostólica, Mexicana de Santa Bárbara, la cual no se desligaba de la
fe católica, pero en cambio apoyaba la libertad de conciencia y las Leyes de
Reforma. Acepta la autoridad del obispo de Linares, siempre y cuando se
someta a los lineamientos de la nueva institución. Mientras tanto, la cabeza y
pontífice, sería en mismo Lozano.
La nómina de pobladores quienes
apoyaron dicho proyecto era numerosa. Estaba conformada principalmente por
varones, animados por la euforia de una iglesia reformista amparada en el
estado mexicano. Ante esta situación el presbítero se vio obligado a separarse
de sus funciones parroquiales y fue sustituido por el padre Antonio
Aranda. Lozano determinó dedicarse a la política, y en 1871 lo encontramos
desempeñándose como diputado local. Incluso, desde su curul promovió el
matrimonio civil entre algunas parejas que vivían en amasiato. Sin embargo, la
llegada de Porfirio Díaz al poder esa misma década, habría de truncar sus
aspiraciones.
El cura rebelde decidió retirarse a
la vida privada y familiar en Gómez Farías. Calificado como una persona de gran
capacidad e instrucción, su influencia regional continuó vigente entre los
pobladores. En 1874 el señor Félix Balderas acudió a la Hacienda del Tigre,
probablemente propiedad de Lozano, para exponerle un fenómeno sobrenatural
relacionado con brujas, duendes, diablos y aparecidos en su rancho Allende,
perteneciente a Nuevo Morelos. El cura les recomendó creer solamente en Dios
Todopoderoso y turnó el asunto a un adivino en Villa de Quintero, encargado de
finalizar el hechizo.
En 1879 el misionero protestante Samuel A. Purdie, acudió a visitarlo en
su casa del Rancho El Chinaco. La conversación se relacionó con asuntos
religiosos. Hasta ese momento el controvertido cura continuaba en el llamado
Vergel de Tamaulipas. Ignoramos si se trasladó hacia otro sitio de la República
Mexicana, su fallecimiento y el futuro de su descendencia. Lozano es un
personaje sujeto de la historia del catolicismo en México y las rupturas a lo
largo del tiempo.
Visita de Luis Donaldo Colosio a nuestra región

En esta foto de Colosio en ciudad Mante, podemos ver al entonces alcalde de Antiguo Morelos, Alberto Rostro Armendáriz, quien aparece junto a otros personajes de la política regional.
sábado, 26 de enero de 2013
La Mujer Triste: ¿Has visto a mi hijo?

Jorge Zamora
http://enpublico.mx/
Salimos de Ciudad Mante a eso de las 8 de la mañana y 40 minutos después ya estábamos entrando al pueblo. Mi “Jefecito” era ya un señor de edad avanzada y yo apenas tenía 8, “llegaste tarde pero llegaste bien” siempre me decía con el amor que sólo un padre tardío puede expresar.Recuerdo muy bien la primera vez que visité Antiguo Morelos. Era yo muy niño y mi padre fue en su camioneta a recoger un viejo motor de 8 cilindros que había comprado.
Mecánico de toda la vida, no perdía momento para explicarme cada cosa y cada pieza que llegaba a mis manos: “este es un distribuidor y esta es una bujía” son algunas frases que aún retumban en mis oídos.
Pero ese viaje a Antiguo Morelos pasó a ser una experiencia que no iba a olvidar por otros motivos.
Llegamos a la casa de Don José, ahí por la calle Zaragoza y nos recibieron con una mala noticia.
-Don José no’sta, se fue a Ciudad del Maíz en la madrugada porque su hermano Jaime se puso malo, pero llamó por teléfono y dijo que llegaría “mas tardecito”- nos dijo una vecina que amablemente había accedido a darnos el recado.
-Oiga ¿y no dijo más o menos a qué hora llegaría? – Pregunto mi padre con toda la ecuanimidad de sus 58 años.
- Pos dijo que como a las 12, pero pues el motor ahí esta enganchado a la cadena, dijo que si deseaba lo fuera subiendo pa’ llevárselo- Respondió aquella señora
-No, mejor espero a que llegue, faltaba más- Dijo mi “apa” y nos retiramos.
Reverseó su querida camioneta modelo 62 y fuimos a buscar algo para almorzar. Nos detuvimos en un puesto de tacos de barbacoa que devoré con mucho gusto.
Nos estacionamos más tarde frente a la carretera que en aquel entonces no llevaba mucho trafico, él, se acomodo la cachucha y se reclinó en el asiento de la troca.
-Échate una pestañita- me dijo, pero para un niño de 8 años eso no es una opción… y el reloj empezó a correr.
Ya me desesperaba, de tanto esperar, cuando en alguna casa sonó el “Ave María” que trasmitían en una estación de radio y mi papá se despertó.
-Ya son las doce, “amonos” por el motor.
Llegamos de nuevo a aquella casa que tenía un solar enorme y volvimos a tocar aquel zaguán de metal con tela ciclón.
-¡Buenaaaaaas! Grito mi papá al tiempo que golpeaba un poste con una moneda de 10 pesos, de esas que tenían como 7 lados.
-¡Oiga me llamó Don José, que ya mero llega, que por favor no se vaya! Dijo la vecina asomándose de su casa con un colador lleno de arroz en la mano.
-¡Ta’ bueno! Dijo mi papá al tiempo que mascullaba alguna mala palabra entre dientes, pero que no quiso que yo escuchara.
Y ahí nos sentamos, bajo la sombra de una bugambilia. Mi padre encendió un cigarro sin filtro y empezó a cantar una canción de Cornelio Reyna.
La espera se prolongó hasta las 3 de la tarde, hora en que llegó Don José, que a sus 70 años se veía fuerte como un roble, y que primeramente se disculpó por la tardanza. Nos invitó a comer para compensarnos por la espera. Mi padre accedió porque acá entre nos era un tragón de primera y a esa hora ya le “andaba de hambre”
Terminamos de comer y Don José sacó un pomo de vino. “Esto va a tardar” pensé en mi mente infantil, pero que ya conocía las “tardanzas” de mi papá. No me quedó mas remedio que encontrar algo en que entretenerme.
Casi a las 6 de la tarde, y al borde de la desesperación. Me puse a vagar por aquellas calles. Me resultaba extraño que estuvieran casi vacías, sin gente caminando por las banquetas de tierra. El tiempo se me fue entre lanzar piedras a los gorriones y esquivar uno que otro perro. Fue ahí cuando pasó.
Alguien tocó mi cabeza y volteé. Era una señora, no muy grande, pero no muy joven, pero llena de arrugas que me miraba con una expresión de tristeza en su rostro.
-¿No has visto a mi hijo?- Me preguntó. Yo moví la cabeza en señal de negación y se sonrió al tiempo que medio dibujó una sonrisa en sus labios.
-Es como tú, así chiquito pero morenito, trae un pantalón café y una camisa blanca, se fue desde la mañana a la parcela a dejar lonche pero no ha regresado, ¿seguro que no lo has visto?- volvió a preguntarme aquella señora que demostraba una profunda angustia.
-No, no ha pasado nadie por aquí, y yo he estado aquí desde la mañana- respondí
La señora de pronto soltó un horrible grito de lamento y empezó a caminar. En ese momento me di cuenta de que no tenía pies y que iba como flotando.
Yo me asuste y no se me ocurrió otra cosa que correr a aquella casa donde estaba mi papá, que ya me estaba silbando para encontrarme.
-¿Donde andas mi’jo?- me pregunto mientras yo lo abrazaba muy asustado.
-¡Una señora, una señora que no tiene pies!- gritaba y lloraba yo muy alterado
- No mi’jo esa señora no existe… tranquilízate.
-¿Dónde viste a esa señora? Me pregunto Don José, mirándome fijamente a los ojos.
- Allá por el callejón aquel (En la calle Mina)- dije entre sollozos
- ¿Qué pasa en ese callejón? – dijo mi papá, ya un poco preocupado.
- Pos, a mi no me ha tocado ver, pero dicen que por esta calle, la Zaragoza, se aparece una mujer, unos dicen que es la llorona, otros le dicen “la mujer triste” – respondió Don José – Es una señora que perdió a su hijo hace como cuarenta años, y nunca lo encontró, era un niñito así como tu hijo, chiquito, como de 8 o 9 años. Se aparece por toda esta calle, ahí a la altura de la Logia y se desaparece en el callejón que hace con la Calle Mina- relato al tiempo que terminaban de asegurar aquel motor de 8 cilindros que ya habían trepado a la caja de la camioneta.
Mi padre se puso muy serio, estrecho la mano del anciano, me cargo y me subió a su vieja camioneta ’62.
Yo me quede dormido en el asiento durante el viaje de regreso a Ciudad Mante. Lo último que recuerdo fue que me acariciaba el cabello y enojado decia: ¡Pinches lloronas!
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Las danzas: orgullo mestizo de Tamaulipas
10 de enero, 2013 [10:03]
Jorge Zamora
Jorge Zamora
La danza está considerada como una de las principales y más básicas manifestaciones del espíritu artístico y cultural de los pueblos. En alguno casos, más que entretenimiento, para ellos forma parte de un ritual místico, lleno de significado y simbolismo.
Desde antes de la llegada de los españoles, una gran variedad de danzas formaba parte de los ritos de los pueblos que habitaban en nuestro país.
En muchas ocasiones, los religiosos que evangelizaron estas tierras trataron de extirparlas, por considerarlas paganas, pero en vista de la gran dificultad que esto representaba, por su gran arraigo entre las población indígena, prefirieron “adaptarlas”, “cristianizarlas” y darles nuevos significados que ayudaron su labor de evangelización.
Y Tamaulipas no es la excepción en esta fusión cultural.
A lo largo y ancho del estado se pueden hallar diferentes manifestaciones de la danza que se amalgamaron con el culto religioso de la iglesia católica.
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los cuadros de danzantes que se presentan en fechas como el 12 de diciembre, día en que se celebra el aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego o en diferentes festejos patronales de cada municipio. Conocidos en el lenguaje popular como “Matachines” o simplemente “Danzantes”. El inconfundible sonido de los tambores nos remite a esa estampa propia de la cultura mexicana.
Sin embargo los diferentes coloridos y variantes de este fenómeno en Tamaulipas es muy amplio.
Danzas de a pie y de a caballo
Estas son un ejemplo muy colorido, que si bien se pueden hallar expresiones en la mayor parte del estado, es en los municipios del cuarto distrito donde se encuentran muy arraigadas ya que son recurrentes en muchas festividades del calendario de celebraciones católicas.
En las danzas de a pie, un numero que puede variar entre 12 y 25 personas participan, portando una corona, participa el Monarca, la Malinche (única mujer que participa), viste de blanco y que generalmente es una niña. Hay dos capitanes y el resto son simples danzantes y el viejo del grupo.
La danza de caballitos está compuesta de un grupo personas cuyo número puede variar también entre 12 y 24 participantes, todos varones. Hay música de violín y guitarra y un viejo de la danza, que es el que lleva el disfraz de mula y se pone careta de viejo. El que se disfraza de toro, con cabeza de este animal, viste de negro a diferencia de los otros danzantes, que visten de blanco.
La indumentaria y adornos que ese día han de portar, hacen derroche de encajes, paliacates, espejos, plumas, cuentas y demás.
La interpretación se realiza apareciendo primero los danzantes de a pie, ataviados con pantalón de uso común de color obscuro, camisa blanca, un paliacate rojo que colocan en la cintura a manera de delantal, en la mano llevan sonaja y sobre la cabeza, una corona adornada con flores y espejos.
El viejo de la danza, mientras, se encarga de divertir a los niños con su máscara, su chicote y su inseparable muñeca.
Enseguida hacen su entrada los caballitos, la mula y el torito, llevando sus respectivos capitanes que marcan las “pisadas”, las vueltas, el trote y el tiempo para cruzar.
El momento más interesante de la danza, es cuando todos los danzantes “se toman de la mano unidos por un machete, y dando vueltas simulan un corral”, encerrando al torito que ataca a los caballitos tratando de salir.
El vestuario de los caballitos es uno de los atractivos de este rito.
Su fabricación se puede describir de la siguiente forma: se hace una armazón de carrizo que luego cubren con una tela para simular la cabalgura, la adornan con espejos, bandas de papel crepé o de papel de china, fundas de cojines bordados, servilletas bordadas con orilla de gancho, cuelgan guajes y escobetillas de ixtle. Lo más atractivo de la indumentaria es la cabeza del caballito que es tallada en madera de madroño, o de preferencia en “quiote”, la que posteriormente pintan al gusto del danzante, portan una reata que utilizan para lazar al viejo cuando se acerca con la intención de “robarles” la carga que llevan atrás. El caballito es confeccionado por una “madrina” o “padrino” que buscan antes de la fecha que se interpretará y que solventará todos los gastos relativos a la indumentaria.
La música está compuesta por varios sones que son interpretados por violin y tambora, o violin y guitarra.
LA PICOTA
En la zona serrana de, municipio de San Carlos, se conserva la tradicional Danza de la picota, acompañada música ejecutada al son de la tambora y el clarinete.
Los orígenes de este baile vienen de las antiguas danzas que se hacían para que la tierra tuviera fertilidad. Se baila con los pies descalzos y con hermosos trajes de manta bordado con flores, mientras la tambora y el clarinete que por cierto son los únicos instrumentos que se utilizan tocan la bella melodía.
Se cuenta que en la Villa de San Carlos, donde los antiguos indígenas se escondían de los españoles que los querían esclavizar fue donde se dio la primera danza de “La Picota”
El significado de Picota es Columna, aunque también mucha gente dice que en realidad la tradición literal es “Palo Alto” y antiguamente en él se exponía a todo aquel que quebrantara la ley, con el tiempo se fue haciendo una gran celebración con música muy alegre.
Las mujeres danzantes de San Carlos acostumbran ataviarse con un vestido de sencillez característica, prueba indudable de su origen indígena. Para anunciar la fiesta, los músicos suben temprano a tocar al cerro; el penetrante sonido de los dos instrumentos anuncia al pueblo y a los ranchos que la fiesta va a principiar.
Al son de las típicas melodías de ritmo muy rápido, el pequeño conjunto que toca con fuerza y entusiasmo, da alegría a la fiesta. Toman parte de los bailes, hombres, mujeres y niños. En actitud solemne inicia la danza, a base de pequeños saltos e inclinaciones, haciendo un marcado remate cada cuatro compases. Con hermosos movimientos realizan evoluciones para formar significativamente figuras por su autóctona ejecución.
En el aspecto musical, la tambora y el clarinete se acoplan a la manifestación popular de la gente de la sierra que así difundió un modo muy gustado de interpretar las melodías. La picota en Tamaulipas es una expresión popular que debe conservarse genuina y sin conservaciones.
Alejandro "Jano" Gonzalez y su hijo "janito" quien desde niño a participado en este tradicional evento.
En este municipio tamaulipeco encontramos una singular danza, con un desenvolvimiento casi teatral.
Jacobo Castillo, uno de los principales promotores de los valores culturales de este municipio, músico regional y capitán de uno de los cuadros maroteros, explica que esta danza ha existido en Antiguo Morelos desde que la gente tiene memoria.
Aquí esta tradición de Semana Santa es más antigua que el viacrucis actuado.
“Las Marotas se derivaron a raíz de las pastorelas de diciembre, aunque es tan antigua la tradición que no se puede saber. Consiste en representar la presencia de los demonios, en las épocas en que Jesús sufre la pasión y muerte; entonces por eso los que danzan, hombres todos, se visten unos de diablos y otros de ‘marotas’; que son las diablas. La función de ellos es dejar patente que el mal anda suelto en esos momentos, por eso bailan y hacen travesuras durante los días santos” explica.
En esta tradición, el capitán es el encargado de juntar al cuadro de la danza y organizar a los participantes o desde días antes, convoca a reuniones para revisar a las personas con las que cuenta para montar el cuadro y los recursos para que se lleve a cabo la danza: trajes, máscaras, cohetes, etc. También es el que pide al municipio el permiso para que salga la comparsa.
El capitán, escoge un lugar donde los participantes puedan probarse y ponerse el vestuario.
Generalmente se compone de 13 danzantes; seis parejas, más el diablo mayor, “porque fueron trece los que se sentaron cuando traicionaron a Jesucristo” cuenta Jacobo. Las mañanas y las tardes de los días santos salen a bailar a las calles de la comunidad
Marvin Huerta, otro habitante de este municipio que ha colaborado en la difusión de la cultura local describe con lujo de detalles en su sitio web la manera en que se desarrolla esta alegre danza/comparsa:
“Al pasar por las casas la gente les va pidiendo que bailen y les da una cooperación por cada pieza que ejecutan, así divierten a la gente. Simbólicamente, ellos bailan por los demás, porque la gente está de duelo y no puede divertirse si no es por medio de ellos que representan al demonio en persona. Precisamente las marotas tientan a los hombres a pecar, invitándolos a que bailen con ellas, pero es entonces que llegan los diablos a defenderlas, por medio de los chirriones que usan para azotarlos. El chasquido de los chirriones anuncia la cercanía de los cuadros, junto con los gritos que vienen dando, aunque fingiendo la voz para no ser reconocidos.
Las marotas usan ropa de mujer, mientras que los diablos usan pantalones largos llenos de girones de tela cosidos. Las máscaras de los diablos son hechas de cuero crudo, mientras que las de las marotas de cartón, elaboradas por los mismos danzantes.
El sábado de gloria es cuando se hace la boda de las marotas, que es la ceremonia culminante de toda la Semana Santa. Terminando la misa de la noche, después de que se abre la gloria, es necesario regresar a los demonios al infierno, porque ya Cristo ha resucitado y no tienen permiso de seguir en la tierra. Por eso el diablo mayor escoge a una de las marotas para casarse con ella; ellos se visten de novios, con vestido blanco y traje o camisa blanca. Después de abierta la gloria se empiezan a tronar los cohetes para indicar que va a empezar la boda. Los diablos dan una vuelta por el pueblo, desfilando porque ya se va a realizar la boda. En la plaza del pueblo o en la galera, cuando son comunidades, hacen el baile de la boda. La ceremonia es igual a una boda normal pero al revés; primero hacen el baile, después tiran el ramo, bailan la víbora de la mar, el vals, y en último lugar hacen la ceremonia donde los casa el juez. Pero en eso llega la esposa del diablo mayor, embarazada y con muchos diablitos, e impide la ceremonia. En castigo los demonios deben de regresar al infierno. Culminando con la quema del diablo en forma de judas.”
Hay que agregar que no existe una música especial, si no que se adapta música de baile para que se acomode al trio; incluso ahora es más común la música grabada, aunque por ejemplo el cuadro de Jacobo Castillo, que toca en vivo, ha hecho un esfuerzo para que se vuelva a hacer al estilo de antes; arreglando la música nueva y a la vez, sacando los sones viejos. Una precisión muy importante, es que además de los tres cuadros de la cabecera, existen marotas en las comunidades de: México Libre, El Sauz y Fortines.
Con nombres y ciertos detalles diferentes, existen cuadros de diablos en otras comunidades. Son famosas “la judea” de Quintero, municipio de El Mante, y “los diableros” de San Antonio Rayón en el municipio de González, Tamaulipas.
lunes, 6 de agosto de 2012
Final de Beisbol 2a Fuerza en el Pedro C. Lopez
El día de ayer 5 de agosto a las 12:00pm el campo deportivo
Pedro C. López fue testigo de cómo las novenas del Deportivo Ejido Morelos y
Deportivo Panteras de San Isidro dieron el todo por el todo y brindaron un excelente
espectáculo a los aficionados al beisbol en Antiguo Morelos.
El sancudo en accion. Picher estrella del Ej. Morelos
El dugout del Ejido Morelos
San Isidro llegaba con 3 victorias y necesitaba 1 más para
coronarse campeones; solo que enfrente tenían a un buen equipo, quien con su picher
estrella “El Sancudo” detuvieron a la batería de San Isidro y ganaron el primer
juego del día 11 carreras a 9, colocando la seria 3 juegos a 2. En el
intermedio los de San Isidro refrescaron la garganta ahí con el Poncho y para
el segundo juego salieron con todo, poniéndose al frente muy rápido con 6
carreras de ventaja. Lo que parecía decidido se emparejo en las entradas
finales y la batería del ejido Morelos emparejo el juego. Era la novena entrada,
el picher de las Panteras llevaba dos outs y estaba a uno del campeonato cuando
le llovió metralla y le dieron la vuelta a la tortilla. Los aficionados de las
panteras decían “ya valió madres”, les tocaba cerrar a ellos el juego y decían
que caballo que alcanza gana. Todo parecía que se decidiría el próximo domingo
y que el “sancudo” regresaría a pichar, pero la batería de panteras respondió y
empato con un hit de “licho” quien no había bateado nada en todo el juego, pero
que a la hora buena respondió y se convirtió en el héroe, al impulsar el empate
y anotar la carrera del gane. Los aficionados se divirtieron con el juego y los
dos equipos se la rajaron en la cancha, dando un buen juego.
"El Mosco" Gamez, managger de Panteras platicando con el couch "Licho" Hernandez
Asi lucía el Pedro C. Lopez Stadium
Licho en el bate.
Luis "El Morao", Felicitos Hernandez y Uriel Castillo
La aficion contenta.
"La Cobija", Denis "El Gallero" y Vicente Gamez llevando en hombros al heróe.
El Dep. Ej. Morelos, muy buena novena, peleo hasta el final y callo como los grandes.
Deportivo Panteras de San Isidro ¡CAMPEONES!
La aficion contenta
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