Conoce más de la historia de este municipio del sur de Tamaulipas

Podrás disfrutar de sus lugares turísticos, así como también de su rica gastronomía donde destaca la inigualable cecina; carne preparada con limón y sal, y sin faltar las artesanías de Congregación Fortines.

Parroquia del señor San José, símbolo de Antiguo Morelos

Este monumento protegido por el INAH se cree comenzó a construirse a principios del siglo XIX. En el año de 1879 don Eduardo Almazán, Presidente municipal de aquel entonces, mando construir la torre de la iglesia.

Página oficial del Cronista adjunto de Antiguo Morelos

El objetivo de este blog es dar a conocer los hechos históricos, anécdotas, personajes, lugares turísticos, etc. de este municipio.

domingo, 23 de marzo de 2014

18 Festival de la Huasteca


Villa Juarez, Puebla, Agosto 2013.- Un servidor tuvo la fortuna de ser invitado por parte de las autoridades del ITCA del Gobierno del Estado para representar a Tamaulipas en el foro: Los Jóvenes de la huasteca y sus propuestas culturales, evento realizado dentro del Festival Nacional de las Huastecas, Xicotepec de Juárez, Puebla, 2013. A este festival acuden músicos, artesanos, danzantes, decimistas, bailadores tradicionales, trovadores, escritores y promotores culturales de los estados de Puebla, Querétaro, San Luis, Veracruz, Tamaulipas e Hidalgo y se realiza año con año en alguna ciudad de los antes mencionados. En mi participación me toco proponer la simplificación, capacitación y difusión para acceder a los programas culturales y de esa manera los jóvenes puedan llevar a cabo sus proyectos. En Antiguo Morelos hay muchos jóvenes con talento, es por ello que los invito a que se acerquen y conozcan todos los programas del ITCA y de CONACULTA y de esa manera saque adelante sus obras y proyectos de esta índole.
Así mismo, dentro de mi intervención en dicho foro, hice hincapié en la importancia de preservar nuestra historia y rescatar los archivos municipales de cada uno de nuestros municipios, para que de esa manera las nuevas generaciones conozcan sus raíces y los cronistas e historiadores tengamos fuentes confiables para nuestras investigaciones.
AGENDA DEL EVENTO Y PARTICIPANTES:FORO 9MESAS REDONDASCasa de Piedra12:15 – 14:30 Horas
Los Jóvenes de la Huasteca y sus propuestas culturales
Obed Hernández Vargas (Puebla)José Juan Hernández Hernández (Hidalgo)Hernán Andablo (Querétaro)Marvin O. Huerta Marquez (Tamaulipas)Gabino Manuel Gaspar (San Luis Potosí)Yuyulzin Pérez Apango (Veracruz)Moderador: Andrés Pascual Garci-Crespo

Onesimo Padrón Lara


N. 31 de octubre de 1950

A fines de la década de los 20´s llega al municipio de Antiguo Morelos una familia oriunda del estado de San Luis Potosí; Julián, Ángel, Juan y Sergio Padrón Ventura, quienes con la ilusión de mejores oportunidades, llegan a este municipio tamaulipeco y les toca la suerte de ser fundadores del ejido El Sauz. De esta familia desciende nuestro biografiado, quien tuvo la dicha de que fuera su padre el señor Ángel Padrón.
Onésimo Padrón creció rodeado de músicos de vara, como dicen en nuestro pueblo, oyendo canciones según comenta, como “indita mía” y “prieta linda” tocadas por sus hermanos, primos y tíos quienes se dedicaban a la música. Tuvo varios hermanos: Fortunato, quien tocaba la quinta huapanguera en el trio “tamaulipecos de Mante”; Eladio, músico de jarana de forma amateur; Honorio, quien tocaba “minuetes” en los velorios; Isidro, quien toca el violín, de ahí siguen: Altagracia, quien murió joven, Concepción, Engracia, Eustolia, Alfredo y Onésimo.
Como dato, un primo de Onésimo toco en el conjunto típico tamaulipeco, su nombre Serapio Padrón Reyes, hijo de su tío Juan Padrón Ventura.
Onésimo contrajo nupcias en un primer matrimonio y procreo a Briseida Padrón Rodríguez. Posteriormente el 15 de agosto de 1999 se casó con la señorita Nancy Martínez Rodríguez con quien procreó a Cristian Alejandro, Rosa María, Evelin Padrón Martínez.
Cuenta que aprendió los acordes de la guitarra quinta solo y oyendo a sus hermanos mayores. En 1983 formó junto a su hermano Isidro (Violín) y su primo Amador Padrón (jaranero hermano de Serapio el del típico tamaulipeco) el trio Hermanos Padrón, quienes con su estilo diferente deleitaron a mucha gente en esta región tamaulipeca.
A la muerte de su primo Amador entra al trio don Pedro Hernández - Q.E.P.D-  oriundo del Naranjo, S.L.P.
Relata Onésimo que dentro de la música se viven muchas alegrías y también se batalla y se sufre. Con sus hermanos recorría las calles de Cd. Valles, El Naranjo, Mante y Antiguo Morelos de cantina en cantina, para poder darle el pan de cada día a su familia.
En el trienio del profesor Javier Molina Barrera el ayuntamiento le obsequio a cada uno de los integrantes del trio una bonita cuera tamaulipeca y no había festival en el municipio a donde no los llevaran a tocar.
Otro de los momentos que marcaron su vida dentro  de la música, fue cuando fueron invitados a participar a un encuentro de huapangos en Xilitla, S.L.P.  Los hermanos Padrón nunca grabaron un disco de forma profesional; hay tres producciones grabadas de forma amateur, una de ellas fue precisamente en Xilitla y dos más en bares de Antiguo Morelos.
Hoy el futuro de los hermanos Padrón es incierto, don Pedro Hernández falleció, Onésimo fue amputado de una pierna, solo Isidro se mantiene activo tocando en bares de Cd. Mante.

Para finalizar la entrevista me comentó Onésimo que le gustaría que el gobernador y las autoridades del ITCA le donaran una prótesis, para de esa manera seguir trabajando en lo que más le gusta, la música de huapango.

¿La madre de Joaquín Hernández Galicia "La Quina" era de Antiguo Morelos?

Platicando en días pasados con doña Rosalva Arteaga Espriella descendiente de la familia Galicia de este municipio, me mostró esta fotografía que data del 4 de abril de 1944, en ella aparece en medio, una señora de nombre Leonor Galicia y su hermano Pedro Galicia a su izquierda. A su derecha se observa a su hijo, un niño de traje que supuestamente es Joaquín Hernández Galicia, “La quina”, ex líder petrolero nacido en Tampico, Tamaulipas el 12 de agosto de 1922. Indagando en páginas de genealogía como “familysearch” descubro que según el censo de 1930, vivía una familia en Cecilia, Tamaulipas (hoy ciudad Madero) cuya madre se llamaba Leonor Galicia y que tenía un hijo de nombre Joaquín Hernández que por la edad coincide con la del ex líder petrolero (nacido en 1922). Otro dato que me hace pensar que es muy probable esta teoría, es que en su libro autobiográfico menciona a su mama Leonor. Según me han comentado, “la quina” estudio primaria aquí en Antiguo Morelos para después irse a Tampico, esto es tradición, no he dado con la fuente para confirmarlo. Lo que si se, es que Leonor Galicia era hija de Lázaro Galicia, hermano de Pánfilo Galicia (político antiguomorelense de fines del siglo XIX) y nieta de don Porfirio Galicia y de doña Nazaria Salazar.

sábado, 22 de marzo de 2014

La Casa Embrujada de Antiguo Morelos



Por: Francisco Ramos Aguirre

Aquella mañana de noviembre de 1873, todo transcurría normal en el Rancho Allende de Antiguo Morelos. Después de ordeñar las vacas y supervisar la cosecha de maíz; Eusebio Balderas, entró a la bodega donde guardaba el algodón, y se detuvo estupefacto a la mitad de la habitación. Sus ojos no daban crédito a lo sucedido. Inexplicablemente, y sin alguien de por medio, los sacos de fibra, empezaron a trasladarse hacia el tejado de palma. Al principio atribuyó dicho fenómeno a las ratas de campo. Horas más tarde, la sorpresa fue mayúscula, cuando jorongos, almohadas, ropa y otros artículos domésticos se movían de su lugar, sin presencia de los roedores.
            Don Eusebio avisó a su esposa Alejandra Cruz y después de analizar la situación, atribuyeron la causa a los duendes o malos espíritus de la antigua casona. Para ahuyentarlos, convocaron al resto de la familia a la modesta capilla instalada del rancho.  El propósito era ahuyentar las fuerzas del mal, y por ello iniciaron un ritual de oraciones, jaculatorias, velas encendidas, incienso y agua bendita. Al día siguiente, lejos de aminorar la situación, los sucesos extraños continuaron con más fuerza.
A media tarde, doña Alejandra pasó gran parte de la jornada, seleccionando algodón para hilar. Antes de dormirse, colocó el producto de su trabajo y el malacate en un costurero. Al amanecer, encontró el canasto vacío. Después de buscar la fibra durante una hora, encontró el malacate en el tapanco. Junto a él, varios kilos de algodón hilado de extraordinaria calidad y textura, como si se tratara de un trabajo realizado por una máquina textil.
            Cuando las mujeres entraron a la cocina a preparar los alimentos, no localizaron en su lugar las manos del metate, ni la piedra para moler la salsa picante. A las pocas horas, salieron al campo, donde fueron localizados los implementos del metate, no así la bola del molcajete envuelta en un trapo y colgada en el tejado de la casa. Así, en el transcurso de los días, inexplicablemente cambiaron de lugar: servilletas, almohadas, cobijas, ropa y otros artículos. Ante tal situación, decidieron comunicarle dichos fenómenos al cura Jesús Rodríguez de la parroquia de Antiguo Morelos.
El opinó sobre la presencia de brujas,  diablos y duendes en ese lugar. Por tal motivo,  dispuso bendecir y lanzar algunos conjuros en la casa. Una noche, al entrar el clérigo a la habitación más amplia, poseída por los malos espíritus; Eulogia Balderas, hija de Eusebia, se quitó el reboso ante la presencia y lo colocó en una grada. Minutos más tarde la familia y el sacerdote, se percataron que había desaparecido. Entonces lo buscaron infructuosamente por varias horas. Como último recurso, abrieron con una llave la cerradura de un viejo baúl y sacaron la ropa, pieza por pieza. En el fondo, estaba el rebozo, cuidadosamente doblado. Al desplegarlo, se fragmentó en cuatro tiras, perfectamente cortadas con tijeras.
Éstos y otros extraños fenómenos, continuaron presentándose varios días. Otras veces, ante la vista de familiares y vecinos, flotaban en el aire: metates y costales de sal que luego se derramaban en el suelo. Cierta ocasión, las jóvenes Plácida y Anacleta, extrajeron de la noria dos cubetas de agua, y en trayecto, las correas que las sostenían se desataron. Ambas mujeres fueron sujetadas y arrastradas  varios metros por la reata. En tanto, en presencia de algunos testigos,  manos invisibles accionaron unas tijeras y cortaron las trenzas a la misma Anacleta. Igual sucedió a Lucía de cinco años, a quien despojaron de sus trencitas. Otras veces, aquellos seres invisibles  lanzaban piedras, sin que les causaran daño.
Los Balderas acudieron nuevamente al presbítero de Morelos, quien les recomendó consultaran a Ramón Lozano, un ex sacerdote que vivía en la Hacienda del Tigre. “Esto no tiene ninguna semejanza con diablos, brujas o duendes. No crean en eso, sino en un Dios todo poderoso.” Les dijo, mientras se declaraba incompetente para descifrar los raros acontecimientos. En cambio les entregaba una carta dirigida a un espiritista de la Villa de Quintero.
Desesperado, antes de regresar a su terruño, Balderas visitó algunos amigos en Ocampo y les platicó sus inquietudes en busca de un consejo. Unos se inclinaban por los diablos, otros afirmaban que eran duendes traviesos; mientras las mujeres atribuían los males a las brujas.
Cuestión de fe o casualidad; después de acudir con el brujo de Quintero y acatar sus recomendaciones al pie de la letra;  increíblemente los misteriosos acontecimientos se suspendieron de la noche a la mañana. A partir de ese momento, la tranquilidad reinó de nuevo en la casa de aquella familia.

(Basada en una nota del periódico El Radical, México, D.F, 22 de marzo de 1874, p. 1)

Ramón Lozano: El padre Amaro del siglo XIX



Por: Francisco Ramos Aguirre

A fines de esa centuria, el sacerdote protagonizó una escandalosa relación en Santa Bárbara, hoy cabecera de Ocampo; a viento y marea defendió su amor terrenal y abrió la puerta a otros curas que cedieron a esa tentación

Desde sus orígenes coloniales, Tamaulipas se distinguió como un territorio renuente a la evangelización de los frailes católicos. Esta percepción de estado laico, se reflejó en el siglo XIX y parte del XX. En 1910, durante un recorrido por las principales poblaciones de la entidad, el viajero italiano Adolfo Dollero, percibió entre otras cosas, la postura anticlerical de sus habitantes y escribió en su diario: “Hemos podido observar que en Tamaulipas no hay ese fanatismo religioso que domina en otros estados de la República. El pueblo tamaulipeco es bueno, pero no tolera yugos ni vejaciones.”
Al proclamar Benito Juárez las Leyes de Reforma, algunos sacerdotes, adoptaron conductas radicales respecto a su manera de pensar. Por su trascendencia internacional, el caso más sonado fue el del presbítero Ramón Lozano, encargado de la parroquia de Santa Bárbara, actual cabecera municipal de Ocampo, donde se ganó el aprecio y confianza de los feligreses que acudían a escuchar sus sermones. 
La primera referencia sobre su estancia en este sitio, se remonta a 1853, como fundador de una escuela parroquial, donde impartía gratuitamente la cátedra de gramática latina a los niños pobres de la población. Tenía una enorme autoridad, no sólo en Santa Bárbara, sino también en Nuevo Morelos, Tula, Villa Quintero y Magizcatzin. Gracias a sus buenos oficios, logró establecer vínculos con las élites políticas y económicas de aquella época.
Santa Bárbara era una población ubicada en un punto geográfico estratégico. Paso obligado de viajeros, comerciantes, autoridades, arrieros y caravanas que se trasladaban entre Tampico y la capital del país. En 1823, el famoso embajador norteamericano Joel Poinsett, la describe como un sitio rodeado de vegetación exótica y abundantes árboles verdosos. Las mujeres ricas y republicanas, se congratulaban con la independencia porque gracias a ella: “Ahora que ya no nos gobiernan los gachupines, nos llegarán bonitas telas a precios baratos.”
Refundido en aquél vergel enclavado en la Sierra Madre Oriental y difícil acceso; fascinado por las bellezas femeninas de Santa Bárbara, el cura Lozano cometió la barbaridad de enamorarse de una doncella, quien le hizo perder no sólo la cabeza, sino también los votos de castidad y obediencia. Se  llamaba Cesaria Quintero, perteneciente a una familia de abolengo. Como se dice en la actualidad, don Ramón la eligió de pareja sentimental y vivieron un indiscreto romance hasta que la muerte los separó. Todo el pueblo sabía de sus amoríos, menos las autoridades eclesiásticas, o al menos se hacían de la vista gorda.
Desde 1854, Lozano empezó a mostrarse rebelde ante la jerarquía católica, participando con otros curas en reuniones donde trataban temas reformistas para su iglesia. Por ello, cuando se promulgó la Constitución de 1857, no dudó en simpatizar con ese proyecto liberal y acudió a la protección de las Leyes de Reforma. Sin titubeos, fuera de simulaciones y doble moral, determinó provocar un escándalo, capaz de rebasar los límites de Tamaulipas.
El 9 de enero 1861, envió al Congreso del Estado un documento solicitando el reconocimiento ciudadano de sus hijos “naturales”: “El presbítero Ramón Lozano, cura propio de Santa Bárbara, ante V.H. con profundo respeto comparezco que tengo un niño, hijo mío de cuatro a cinco años de edad, llamado Ramón. Otro de tres a cuatro, llamado Pedro; y una niña de once meses llamada Cesaria, cuya madre es doña Cesaria Quintero, de quien han tomado el apellido y llamádose hijos naturales; que los quiero como a nadie sobre la tierra, y aspiro a su bienestar, educación y felicidad como el mejor de los padres, deseando por lo mismo tengan los goces y beneficios que la ley concede a los hijos legítimos. Y sin que esto no podrá ser, sin que intervenga en ello la Soberanía del Estado.” 
Esto, desde luego motivó una gran polémica entre los diputados, motivo por el cual corrieron ríos de tinta en los periódicos locales y nacionales. Por su parte la iglesia católica, en la voz del obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González, satanizó su actitud desde el púlpito. En abril de ese año publicó una carta pastoral, cuestionando la actitud del párroco y desaprobando los sacramentos que impartiera. Además amenazó con excomulgarlo por haber legitimado a sus hijos. Se refiere a él con calificativos agravantes: “Párroco Desgraciado”, “Desdichado”, “Su corazón será devorado por los más atroces remordimientos” y “abominable”.
Lozano defendió su proceder enviando una carta aclaratoria con mucha salva al periódico: Rifle de Tamaulipas. Pone de ejemplo la conducta de otros sacerdotes pertenecientes a la misma parroquia de Santa Bárbara: “Todos mis antecesores…fueron tan frágiles como yo: los más virtuosos y modestos tuvieron hijos que aún viven en la miseria, por no haber cumplido sus padres con los deberes de la naturaleza.” Argumenta que la Mitra de Monterrey, en lugar de sancionarlos, los premiaba asignándoles mejores lugares para propagar la fe.
La principal causa de la ruptura entre Lozano y la jerarquía eclesiástica no fueron las pasiones carnales ni su ideología liberal. La gota derramadora del vaso de agua fue la convocatoria a los feligreses de Santa Bárbara y Nuevo Morelos, exhortándolos a fundar una nueva organización religiosa, independiente de Roma. Así surgió La Iglesia Católica, Apostólica, Mexicana de Santa Bárbara, la cual no se desligaba de la fe católica, pero en cambio apoyaba la libertad de conciencia y las Leyes de Reforma. Acepta la autoridad  del obispo de Linares, siempre y cuando se someta a los lineamientos de la nueva institución. Mientras tanto, la cabeza y pontífice, sería en mismo Lozano. 
La nómina de pobladores quienes apoyaron dicho proyecto era numerosa. Estaba conformada principalmente por varones, animados por la euforia de una iglesia reformista amparada en el estado mexicano. Ante esta situación el presbítero se vio obligado a separarse  de sus funciones parroquiales y fue sustituido por el padre Antonio Aranda. Lozano determinó dedicarse a la política, y en 1871 lo encontramos desempeñándose como diputado local. Incluso, desde su curul promovió el matrimonio civil entre algunas parejas que vivían en amasiato. Sin embargo, la llegada de Porfirio Díaz al poder esa misma década, habría de truncar sus aspiraciones.
El cura rebelde decidió retirarse a la vida privada y familiar en Gómez Farías. Calificado como una persona de gran capacidad e instrucción, su influencia regional continuó vigente entre los pobladores. En 1874 el señor Félix Balderas acudió a la Hacienda del Tigre, probablemente propiedad de Lozano, para exponerle un fenómeno sobrenatural relacionado con brujas, duendes, diablos y aparecidos en su rancho Allende, perteneciente a Nuevo Morelos. El cura les recomendó creer solamente en Dios Todopoderoso y turnó el asunto a un adivino en Villa de Quintero, encargado de finalizar el hechizo.  

En 1879 el misionero protestante Samuel A. Purdie, acudió a visitarlo en su casa del Rancho El Chinaco. La conversación se relacionó con asuntos religiosos. Hasta ese momento el controvertido cura continuaba en el llamado Vergel de Tamaulipas. Ignoramos si se trasladó hacia otro sitio de la República Mexicana, su fallecimiento y el futuro de su descendencia. Lozano es un personaje sujeto de la historia del catolicismo en México y las rupturas a lo largo del tiempo. 

Visita de Luis Donaldo Colosio a nuestra región


Luis Donaldo Colosio inicio poco después de haber sido "destapado" la campaña en las Huastecas, durante la cual el 20 de enero de 1994 visitó Ciudad Mante para de ahí dirigirse a la ciudad de Ocampo, Tamaulipas. En El Mante Colosio volvió sobre otro tema, el de la procedencia regional: consignaba que había llegado "a hablarles como lo hacemos en el norte, de frente, sin rodeos y con claridad". Sin duda alguna la frase con la que pasara a la historia, es aquella que mencionó el 6 de marzo de 1994 en el monumento a la revolución, en un aniversario más de nuestro instituto político. "Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”

 
 En esta foto de Colosio en ciudad Mante, podemos ver al entonces alcalde de Antiguo Morelos, Alberto Rostro Armendáriz, quien aparece junto a otros personajes de la política regional.

sábado, 26 de enero de 2013

La Mujer Triste: ¿Has visto a mi hijo?

antiguo-morelos

Jorge Zamora
http://enpublico.mx/


Salimos de Ciudad Mante a eso de las 8 de la mañana y 40 minutos después ya estábamos entrando al pueblo. Mi “Jefecito” era ya un señor de edad avanzada y yo apenas tenía 8, “llegaste tarde pero llegaste bien” siempre me decía con el amor que sólo un padre tardío puede expresar.Recuerdo muy bien la primera vez que visité Antiguo Morelos. Era yo muy niño y mi padre fue en su camioneta a recoger un viejo motor de 8 cilindros que había comprado.

Mecánico de toda la vida, no perdía momento para explicarme cada cosa y cada pieza que llegaba a mis manos: “este es un distribuidor y esta es una bujía” son algunas frases que aún retumban en mis oídos.
Pero ese viaje a Antiguo Morelos pasó a ser una experiencia que no iba a olvidar por otros motivos.
Llegamos a la casa de Don José, ahí por la calle Zaragoza y nos recibieron con una mala noticia.
-Don José no’sta, se fue a Ciudad del Maíz en la madrugada porque su hermano Jaime se puso malo, pero llamó por teléfono y dijo que llegaría “mas tardecito”- nos dijo una vecina que amablemente había accedido a darnos el recado.
-Oiga ¿y no dijo más o menos a qué hora llegaría? – Pregunto mi padre con toda la ecuanimidad de sus 58 años.
- Pos dijo que como a las 12, pero pues el motor ahí esta enganchado a la cadena, dijo que si deseaba lo fuera subiendo pa’ llevárselo- Respondió aquella señora
-No, mejor espero a que llegue, faltaba más- Dijo mi “apa” y nos retiramos.
Reverseó su querida camioneta modelo 62 y fuimos a buscar algo para almorzar. Nos detuvimos en un puesto de tacos de barbacoa que devoré con mucho gusto.
Nos estacionamos más tarde frente a la carretera que en aquel entonces no llevaba mucho trafico, él, se acomodo la cachucha y se reclinó en el asiento de la troca.
-Échate una pestañita- me dijo, pero para un niño de 8 años eso no es una opción… y el reloj empezó a correr.
Ya me desesperaba, de tanto esperar, cuando en alguna casa sonó el “Ave María” que trasmitían en una estación de radio y mi papá se despertó.
-Ya son las doce, “amonos” por el motor.
Llegamos de nuevo a aquella casa que tenía un solar enorme y volvimos a tocar aquel zaguán de metal con tela ciclón.
-¡Buenaaaaaas! Grito mi papá al tiempo que golpeaba un poste con una moneda de 10 pesos, de esas que tenían como 7 lados.
-¡Oiga me llamó Don José, que ya mero llega, que por favor no se vaya! Dijo la vecina asomándose de su casa con un colador lleno de arroz en la mano.
-¡Ta’ bueno! Dijo mi papá al tiempo que mascullaba alguna mala palabra entre dientes, pero que no quiso que yo escuchara.
Y ahí nos sentamos, bajo la sombra de una bugambilia. Mi padre encendió un cigarro sin filtro y empezó a cantar una canción de Cornelio Reyna.
La espera se prolongó hasta las 3 de la tarde, hora en que llegó Don José, que a sus 70 años se veía fuerte como un roble, y que primeramente se disculpó por la tardanza. Nos invitó a comer para compensarnos por la espera. Mi padre accedió porque acá entre nos era un tragón de primera y a esa hora ya le “andaba de hambre”
Terminamos de comer y Don José sacó un pomo de vino. “Esto va a tardar” pensé en mi mente infantil, pero que ya conocía las “tardanzas” de mi papá. No me quedó mas remedio que encontrar algo en que entretenerme.
Casi a las 6 de la tarde, y al borde de la desesperación. Me puse a vagar por aquellas calles. Me resultaba extraño que estuvieran casi vacías, sin gente caminando por las banquetas de tierra. El tiempo se me fue entre lanzar piedras a los gorriones y esquivar uno que otro perro. Fue ahí cuando pasó.
Alguien tocó mi cabeza y volteé. Era una señora, no muy grande, pero no muy joven, pero llena de arrugas que me miraba con una expresión de tristeza en su rostro.
-¿No has visto a mi hijo?- Me preguntó. Yo moví la cabeza en señal de negación y se sonrió al tiempo que medio dibujó una sonrisa en sus labios.
-Es como tú, así chiquito pero morenito, trae un pantalón café y una camisa blanca, se fue desde la mañana a la parcela a dejar lonche pero no ha regresado, ¿seguro que no lo has visto?- volvió a preguntarme aquella señora que demostraba una profunda angustia.
-No, no ha pasado nadie por aquí, y yo he estado aquí desde la mañana- respondí
La señora de pronto soltó un horrible grito de lamento y empezó a caminar. En ese momento me di cuenta de que no tenía pies y que iba como flotando.
Yo me asuste y no se me ocurrió otra cosa que correr a aquella casa donde estaba mi papá, que ya me estaba silbando para encontrarme.
-¿Donde andas mi’jo?- me pregunto mientras yo lo abrazaba muy asustado.
-¡Una señora, una señora que no tiene pies!- gritaba y lloraba yo muy alterado
- No mi’jo esa señora no existe… tranquilízate.
-¿Dónde viste a esa señora? Me pregunto Don José, mirándome fijamente a los ojos.
- Allá por el callejón aquel (En la calle Mina)- dije entre sollozos
- ¿Qué pasa en ese callejón? – dijo mi papá, ya un poco preocupado.
- Pos, a mi no me ha tocado ver, pero dicen que por esta calle, la Zaragoza, se aparece una mujer, unos dicen que es la llorona, otros le dicen “la mujer triste” – respondió Don José – Es una señora que perdió a su hijo hace como cuarenta años, y nunca lo encontró, era un niñito así como tu hijo, chiquito, como de 8 o 9 años. Se aparece por toda esta calle, ahí a la altura de la Logia y se desaparece en el callejón que hace con la Calle Mina- relato al tiempo que terminaban de asegurar aquel motor de 8 cilindros que ya habían trepado a la caja de la camioneta.
Mi padre se puso muy serio, estrecho la mano del anciano, me cargo y me subió a su vieja camioneta ’62.
Yo me quede dormido en el asiento durante el viaje de regreso a Ciudad Mante. Lo último que recuerdo fue que me acariciaba el cabello y enojado decia: ¡Pinches lloronas!
Ver noticias relacionadas con: 

Las danzas: orgullo mestizo de Tamaulipas





10 de enero, 2013 [10:03]
Jorge Zamora


La danza está considerada como una de las principales y más básicas manifestaciones del espíritu artístico y cultural de los pueblos. En alguno casos, más que entretenimiento, para ellos forma parte de un ritual místico, lleno de significado y simbolismo.
Desde antes de la llegada de los españoles, una gran variedad de danzas formaba parte de los ritos de los pueblos que habitaban en nuestro país.
En muchas ocasiones, los religiosos que evangelizaron estas tierras trataron de extirparlas, por considerarlas paganas, pero en vista de la gran dificultad que esto representaba, por su gran arraigo entre las población indígena, prefirieron “adaptarlas”, “cristianizarlas” y darles nuevos significados que ayudaron su labor de evangelización.
Y Tamaulipas no es la excepción en esta fusión cultural.
A lo largo y ancho del estado se pueden hallar diferentes manifestaciones de la danza que se amalgamaron con el culto religioso de la iglesia católica.
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los cuadros de danzantes que se presentan en fechas como el 12 de diciembre, día en que se celebra el aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego o en diferentes festejos patronales de cada municipio. Conocidos en el lenguaje popular como “Matachines” o simplemente “Danzantes”. El inconfundible sonido de los tambores nos remite a esa estampa propia de la cultura mexicana.
Sin embargo los diferentes coloridos y variantes de este fenómeno en Tamaulipas es muy amplio.
Danzas de a pie y de a caballo 
Estas son un ejemplo muy colorido, que si bien se pueden hallar expresiones en la mayor parte del estado, es en los municipios del cuarto distrito donde se encuentran muy arraigadas ya que son recurrentes en muchas festividades del calendario de celebraciones católicas.
En las danzas de a pie, un numero que puede variar entre 12 y 25 personas participan, portando una corona, participa el Monarca, la Malinche (única mujer que participa), viste de blanco y que generalmente es una niña. Hay dos capitanes y el resto son simples danzantes y el viejo del grupo.
La danza de caballitos está compuesta de un grupo personas cuyo número puede variar también entre 12 y 24 participantes, todos varones. Hay música de violín y guitarra y un viejo de la danza, que es el que lleva el disfraz de mula y se pone careta de viejo. El que se disfraza de toro, con cabeza de este animal, viste de negro a diferencia de los otros danzantes, que visten de blanco.
La indumentaria y adornos que ese día han de portar, hacen derroche de encajes, paliacates, espejos, plumas, cuentas y demás.
La interpretación se realiza apareciendo primero los danzantes de a pie, ataviados con pantalón de uso común de color obscuro, camisa blanca, un paliacate rojo que colocan en la cintura a manera de delantal, en la mano llevan sonaja y sobre la cabeza, una corona adornada con flores y espejos.
El viejo de la danza, mientras, se encarga de divertir a los niños con su máscara, su chicote y su inseparable muñeca.
Enseguida hacen su entrada los caballitos, la mula y el torito, llevando sus respectivos capitanes que marcan las “pisadas”, las vueltas, el trote y el tiempo para cruzar.
El momento más interesante de la danza, es cuando todos los danzantes “se toman de la mano unidos por un machete, y dando vueltas simulan un corral”, encerrando al torito que ataca a los caballitos tratando de salir.
El vestuario de los caballitos es uno de los atractivos de este rito.
Su fabricación se puede describir de la siguiente forma: se hace una armazón de carrizo que luego cubren con una tela para simular la cabalgura, la adornan con espejos, bandas de papel crepé o de papel de china, fundas de cojines bordados, servilletas bordadas con orilla de gancho, cuelgan guajes y escobetillas de ixtle. Lo más atractivo de la indumentaria es la cabeza del caballito que es tallada en madera de madroño, o de preferencia en “quiote”, la que posteriormente pintan al gusto del danzante, portan una reata que utilizan para lazar al viejo cuando se acerca con la intención de “robarles” la carga que llevan atrás. El caballito es confeccionado por una “madrina” o “padrino” que buscan antes de la fecha que se interpretará y que solventará todos los gastos relativos a la indumentaria.
La música está compuesta por varios sones que son interpretados por violin y tambora, o violin y guitarra.
LA PICOTA
En la zona serrana de, municipio de San Carlos, se conserva la tradicional Danza de la picota, acompañada música ejecutada al son de la tambora y el clarinete.
Los orígenes de este baile vienen de las antiguas danzas que se hacían para que la tierra tuviera fertilidad. Se baila con los pies descalzos y con hermosos trajes de manta bordado con flores, mientras la tambora y el clarinete que por cierto son los únicos instrumentos que se utilizan tocan la bella melodía.
Se cuenta que en la Villa de San Carlos, donde los antiguos indígenas se escondían de los españoles que los querían esclavizar fue donde se dio la primera danza de “La Picota”
El significado de Picota es Columna, aunque también mucha gente dice que en realidad la tradición literal es “Palo Alto” y antiguamente en él se exponía a todo aquel que quebrantara la ley, con el tiempo se fue haciendo una gran celebración con música muy alegre.
Las mujeres danzantes de San Carlos acostumbran ataviarse con un vestido de sencillez característica, prueba indudable de su origen indígena. Para anunciar la fiesta, los músicos suben temprano a tocar al cerro; el penetrante sonido de los dos instrumentos anuncia al pueblo y a los ranchos que la fiesta va a principiar.
Al son de las típicas melodías de ritmo muy rápido, el pequeño conjunto que toca con fuerza y entusiasmo, da alegría a la fiesta. Toman parte de los bailes, hombres, mujeres y niños. En actitud solemne inicia la danza, a base de pequeños saltos e inclinaciones, haciendo un marcado remate cada cuatro compases. Con hermosos movimientos realizan evoluciones para formar significativamente figuras por su autóctona ejecución.
En el aspecto musical, la tambora y el clarinete se acoplan a la manifestación popular de la gente de la sierra que así difundió un modo muy gustado de interpretar las melodías. La picota en Tamaulipas es una expresión popular que debe conservarse genuina y sin conservaciones.



Alejandro "Jano" Gonzalez y su hijo "janito" quien desde niño a participado en este tradicional evento.


Las Marotas: Danza tradicional de Antiguo Morelos. 
En este municipio tamaulipeco encontramos una singular danza, con un desenvolvimiento casi teatral.
Jacobo Castillo, uno de los principales promotores de los valores culturales de este municipio, músico regional y capitán de uno de los cuadros maroteros, explica que esta danza ha existido en Antiguo Morelos desde que la gente tiene memoria.
Aquí esta tradición de Semana Santa es más antigua que el viacrucis actuado.
“Las Marotas se derivaron a raíz de las pastorelas de diciembre, aunque es tan antigua la tradición que no se puede saber. Consiste en representar la presencia de los demonios, en las épocas en que Jesús sufre la pasión y muerte; entonces por eso los que danzan, hombres todos, se visten unos de diablos y otros de ‘marotas’; que son las diablas. La función de ellos es dejar patente que el mal anda suelto en esos momentos, por eso bailan y hacen travesuras durante los días santos” explica.
En esta tradición, el capitán es el encargado de juntar al cuadro de la danza y organizar a los participantes o desde días antes, convoca a reuniones para revisar a las personas con las que cuenta para montar el cuadro y los recursos para que se lleve a cabo la danza: trajes, máscaras, cohetes, etc. También es el que pide al municipio el permiso para que salga la comparsa.
El capitán, escoge un lugar donde los participantes puedan probarse y ponerse el vestuario.
Generalmente se compone de 13 danzantes; seis parejas, más el diablo mayor, “porque fueron trece los que se sentaron cuando traicionaron a Jesucristo” cuenta Jacobo. Las mañanas y las tardes de los días santos salen a bailar a las calles de la comunidad
Marvin Huerta, otro habitante de este municipio que ha colaborado en la difusión de la cultura local describe con lujo de detalles en su sitio web la manera en que se desarrolla esta alegre danza/comparsa:
“Al pasar por las casas la gente les va pidiendo que bailen y les da una cooperación por cada pieza que ejecutan, así divierten a la gente. Simbólicamente, ellos bailan por los demás, porque la gente está de duelo y no puede divertirse si no es por medio de ellos que representan al demonio en persona. Precisamente las marotas tientan a los hombres a pecar, invitándolos a que bailen con ellas, pero es entonces que llegan los diablos a defenderlas, por medio de los chirriones que usan para azotarlos. El chasquido de los chirriones anuncia la cercanía de los cuadros, junto con los gritos que vienen dando, aunque fingiendo la voz para no ser reconocidos.
Las marotas usan ropa de mujer, mientras que los diablos usan pantalones largos llenos de girones de tela cosidos. Las máscaras de los diablos son hechas de cuero crudo, mientras que las de las marotas de cartón, elaboradas por los mismos danzantes.
El sábado de gloria es cuando se hace la boda de las marotas, que es la ceremonia culminante de toda la Semana Santa. Terminando la misa de la noche, después de que se abre la gloria, es necesario regresar a los demonios al infierno, porque ya Cristo ha resucitado y no tienen permiso de seguir en la tierra. Por eso el diablo mayor escoge a una de las marotas para casarse con ella; ellos se visten de novios, con vestido blanco y traje o camisa blanca. Después de abierta la gloria se empiezan a tronar los cohetes para indicar que va a empezar la boda. Los diablos dan una vuelta por el pueblo, desfilando porque ya se va a realizar la boda. En la plaza del pueblo o en la galera, cuando son comunidades, hacen el baile de la boda. La ceremonia es igual a una boda normal pero al revés; primero hacen el baile, después tiran el ramo, bailan la víbora de la mar, el vals, y en último lugar hacen la ceremonia donde los casa el juez. Pero en eso llega la esposa del diablo mayor, embarazada y con muchos diablitos, e impide la ceremonia. En castigo los demonios deben de regresar al infierno. Culminando con la quema del diablo en forma de judas.”
Hay que agregar que no existe una música especial, si no que se adapta música de baile para que se acomode al trio; incluso ahora es más común la música grabada, aunque por ejemplo el cuadro de Jacobo Castillo, que toca en vivo, ha hecho un esfuerzo para que se vuelva a hacer al estilo de antes; arreglando la música nueva y a la vez, sacando los sones viejos. Una precisión muy importante, es que además de los tres cuadros de la cabecera, existen marotas en las comunidades de: México Libre, El Sauz y Fortines.
Con nombres y ciertos detalles diferentes, existen cuadros de diablos en otras comunidades. Son famosas “la judea” de Quintero, municipio de El Mante, y “los diableros” de San Antonio Rayón en el municipio de González, Tamaulipas.