Conoce más de la historia de este municipio del sur de Tamaulipas

Podrás disfrutar de sus lugares turísticos, así como también de su rica gastronomía donde destaca la inigualable cecina; carne preparada con limón y sal, y sin faltar las artesanías de Congregación Fortines.

Parroquia del señor San José, símbolo de Antiguo Morelos

Este monumento protegido por el INAH se cree comenzó a construirse a principios del siglo XIX. En el año de 1879 don Eduardo Almazán, Presidente municipal de aquel entonces, mando construir la torre de la iglesia.

Página oficial del Cronista adjunto de Antiguo Morelos

El objetivo de este blog es dar a conocer los hechos históricos, anécdotas, personajes, lugares turísticos, etc. de este municipio.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Un cura heterodoxo en Santa Bárbara de Ocampo



Para cuando comenzó en México el derrumbe del antiguo régimen político, enraizado aún en la época colonial, hacia 1854, y se escuchó el estallido del plan de Ayutla en las montañas del sur del país, en la villa de Santa Bárbara, el presbítero Ramón Lozano cumplía poco más de un año de haberse encargado del ministerio de la parroquia del lugar. El caso fue que a pesar de su formación sacerdotal, seguramente realizada en el seminario de Monterrey, imbuido por la ideología política liberal en boga, se involucró con un grupo de intelectuales y religiosos que pretendían realizar cambios y reformas en la rígida estructura de la Iglesia, entre los que se contaba a Melchor Ocampo, quien alentaba la formación de una Iglesia católica nacional, apartada de los lineamientos provenientes del Vaticano.
Aun con esas aspiraciones, Lozano no abandonó su ministerio, máxime que se desató en el país la Guerra de los Tres Años, entre liberales y conservadores, al ser desconocida por el presidente Ignacio Comonfort la Constitución de 1857. Fue así que Benito Juárez tomó las riendas del gobierno republicano, quien abastionado en el puerto de Veracruz, proclamó las Leyes de Reforma, con las que separaba a la Iglesia del Estado y formalizó la desamortización de los bienes del clero. Por tal motivo el arzobispo de México, Lázaro de la Garza y Ballesteros, en unión de otros prelados, entre los que se contaba al obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González, se opusieron a dichas reformas en 1859, arrojando más leña al fuego.
Pero el noreste, a diferencia del centro del país, estaba en manos de caudillos liberales, por lo que el obispo Verea y González se desdijo un año más tarde, autorizando en los hechos la aplicación de las reformas en su jurisdicción, como así se lo hizo saber al gobernador de Tamaulipas, el licenciado Juan José de la Garza, pero más que por convencimiento lo hizo para salvar en lo mayor posible los intereses de la Iglesia en su región, ya que la derrota de los conservadores parecía inminente, como lo fue. En ese momento fue que el padre Lozano saltó a la palestra, queriendo de entrada combatir una de las costumbres más arraigadas –pero también más transgredidas– de la Iglesia: el celibato. El asunto era que él mismo había procreado tres hijos con Cesaria Quintero, a los que quiso legitimar con su nombre ante el Registro Civil, pero previa solicitud ante la legislatura local en 1861, dada su condición sacerdotal. Como era previsible, esta solicitud se convirtió en toda una argumentación política favorable a los intereses reformistas en curso, lo mismo que una nota de escándalo público, pero de lo que no hubo la menor duda fue que la autorización legislativa fuera unánime. Incluso tuvo repercusión a nivel nacional. Hubo quien opinara que debió haber contraído el matrimonio civil, pero como no tuvo ya el valor, se reconocía la posición de la legislatura; por otra parte, la sociedad de beneficencia pública del valle de Morales, Michoacán extendió un voto de gracias por este acto a la legislatura de Tamaulipas.
Ante esta insólita decisión del párroco de Santa Bárbara, que lo situaba al borde de la expulsión de la Iglesia, pronto fue impugnado por las plumas afines a la clerecía y por el propio obispo de Linares.
Situado en un punto de no retorno, Lozano contradijo a Verea y González, criticó a la burocracia eclesiástica y justificó abiertamente su actitud, al decir: “Tan insolente conducta (del obispo) no puede motivarla la legitimación de mis hijos, porque en sí es buena: el concubinato de que procedieron, porque es tan común a todo el clero del mundo, con rarísimas excepciones que ya no hay prelado que se ocupe de él. Todos mis antecesores en esta parroquia fueron tan frágiles como yo: los más virtuosos y modestos tuvieron hijos que aún viven en la miseria por no haber cumplido sus padres con los deberes de la naturaleza; otros fueron denunciados por escandalosos y adúlteros, y probados los hechos, fueron castigados por la mitra de Monterrey elevándolos a puestos más altos”.
Ya con los puentes rotos, el padre Lozano publicó un amplio documento, en el que propuso la organización de la Iglesia Nacional, “en la que se predicara el evangelio en su más completa pureza”; esto le valdría más tarde el epíteto de “el Hidalgo de la independencia religiosa en México”. Pero no solo se quedó allí, ya que con el apoyo de sus feligreses de Santa Bárbara y Nuevo Morelos, dio por hecho la creación de su propia iglesia, desconociendo su sometimiento a la autoridad de la Iglesia católica, debido al autoritarismo de sus obispos, como bien lo había sentido en carne propia de parte del prelado de Monterrey. Esta iglesia reconocía las Leyes de Reforma y se desligaba también de la autoridad papal, pero conservando los dogmas básicos del catolicismo.
Pero no solo en el nivel eclesiástico tuvo un papel protagónico el padre Lozano, ya que como líder de su comunidad, se puso al frente de sus intereses cuando la ocasión lo demandó. Así sucedió en abril de 1864, en la víspera del arribo inminente de la ofensiva imperialista contra Tamaulipas, cuando el jefe político y comandante militar del Cuarto Distrito, coronel Gabriel Arcos Arreola, con el argumento de requerir reclutar hombres para la resistencia, cometió una serie de tropelías entre las familias de Santa Bárbara, por lo que el pueblo en pleno lo derrocó, asumiendo provisionalmente el mando el presbítero Ramón Lozano. Pero el problema era que la situación política interna en la entidad era pésima, con muchos caudillos arrogándose el poder y estar completamente divididos. Por tal motivo, cuando avanzaron las columnas del general Tomás Mejía y del contraguerrillero francés Charles Dupin sobre el estado, no encontraron resistencia. De esta forma de inmediato el imperio de Maximiliano habilitó a su favor el eje comercial entre Tampico y San Luis Potosí, vía la villa de Santa Bárbara, que pronto fue ocupada por los oficiales imperialistas. Hasta un nuevo párroco llegó, Mr. Chandrón. Pero poco le duró el gusto al francés, ya que en abril de 1865, alentados por Pedro José Méndez, hubo un pronunciamiento de los patriotas de Santa Bárbara, que recuperaron temporalmente la villa, haciendo huir al párroco extranjero, por lo que, seguramente Lozano, dejó escrito un insulto explícito de su puño y letra contra el extranjero usurpador, en uno de los libros de la parroquia.
Tiempo después el padre Lozano estaba ya entregado a la vida civil, incluso fue electo como diputado al congreso local en 1871, aunque más tarde se tienen noticias de que seguía ofreciendo sus servicios espirituales al menos hasta mediados de la década de los setenta y atendía una escuela para treinta niños. También se dedicaba a la labranza del campo, siendo miembro de la Sociedad Mexicana de Agricultura; además fue el promotor para que Santa Bárbara fuera declarada como Ciudad Ocampo. Por último, Lozano se retiró a un pequeño rancho en el municipio de Gómez Farías, donde un contemporáneo, el pastor protestante Samuel A. Purdie, radicado en Antiguo Morelos, lo describió vestido en forma pulcra y distinguida, amén de prodigarle elogios como un férreo opositor al dogmatismo romanista. Una verdadera lucha religiosa a una escala local, como se vería en 1890, cuando el “virtuoso” cura de Santa Bárbara, Agustín Ramos, alentaba a su grey a incendiar las casas de los protestantes; pero eso será otra historia que contar.

ocherrera@uat.edu.mx

Pasa desapercibido el 194 aniversario de Antiguo Morelos


Hoy mi municipio cumple 194 de haber sido declarada villa, fue preciosamente un 6 de mayo de 1821, en las postrimerías del virreinato de la Nueva España, cuando se le dio el título de villa Baltazar a la congregación del mismo nombre. El intento de darle ese título, data del año de 1816 cuando el gobernador le explica al comandante de las Provincias Internas de Oriente, la necesidad de que la hacienda de San Ignacio del Buey, le diera una legua por cada lado, puesto que esa propiedad tenía un inmenso territorio y bien podía hacer la cesión y así regularizar la situación del otrora Charco Baltazar.
En el año de 1821 finalmente se llega a un acuerdo, se les dan tierras realengas a los habitantes y se les cobra un renta por el uso de las tierras (cosa que se hacia desde años atrás) en lo que se regulariza la situación legal del poblado. En los años posteriores y debido a las constantes pugnas que vivió México esto tarda y es en el año de 1830 cuando el administrador de la hacienda del Buey se da cuenta que la villa de Morelos está dentro de su propiedad y se empiezan los trámites para la delimitación. En esa época familias como los Almazán, los Guillen y los Gómez de Mesillas temen perder el extenso número e tierras que le tienen rentadas ala hacienda. Es finalmente en el año de 1843 cuando se dan por concluidos los trabajos y se da fundo legal a la villa, dejando fuera del fundo a la congregación de Mesillas según se estipulo.
Como antiguomorelenses celebramos cada año la repoblación del 19 de octubre de 1920, pero jamás hemos celebrado la fecha en que se nos dio el título de villa, que en mi opinión, es un evento más trascendental.
Nota: Información obtenida del AGN y del archivo municipal de Antiguo Morelos y de la mapoteca Orozco y Berra


Mapa de la hacienda de San Ignacio del Buey

martes, 13 de enero de 2015

Un poco de historia religiosa en Antiguo Morelos durante el siglo XIX


Soldado del imperio con su esposa. 1865. Foto de Francois-Aubert


El presbítero francés Lorenzo Chandron llegó a la parroquia de Santa Bárbara (los Morelos, Santa Bárbara y Quintero) en 1864 en sustitución del cura Ramón Lozano; dos años después de la creación de la iglesia católica mexicana por parte del segundo. Según periódicos del siglo XIX, en abril de 1865 las partidas republicanas de Morelos, Escandón y Santa Bárbara echaron a Chandron en corrida, amenazándolo de muerte y sólo pudo salvarse al dejarles su caballo y pagar por su vida 560 pesos. No hubo cura en la región hasta 1867 cuando el obispo de Linares nombró al presbítero Mariano Guerra. Ramón Lozano siguió predicando en la región, estableciéndose en el rancho “El chinaco” de Gómez Farías. El pastor protestante Samuel Purdie, quien predicó en la región en los albores del Porfiriato, describe en sus memorias las visitas que le realizó a su rancho y lo describe como una persona educada y vestido con ropa elegante, mencionando que era la ropa que uso cuando fue diputado local.

Firma de don Julio Gonzalez Gea

Pastor Samuel Purdie.

El primer pastor protestante de Antiguo Morelos se llamó Julio González Gea, oriundo de Veracruz. El personaje defendió a la patria en 1847 y fue herido por la metralla norteamericana en el bombardeo a Veracruz. Posteriormente combatió a los franceses y al final de la guerra ocupó puestos políticos en el estado de Chihuahua. Posteriormente se vino a radicar a Reynosa, Tamaulipas en donde conoció a Samuel Purdie, quien lo convirtió al protestantismo y lo envió a predicar a San Fernando y posteriormente a Antiguo Morelos en donde ocupó diversos cargos políticos, como juez del registro civil. Tengo una carta de él original, de 1910, escrita a la familia Gutiérrez de Santillana de esta municipalidad. En ese año vivía en Gómez Farías.

lunes, 27 de octubre de 2014

Profr. Gaspar Barrientos Torres


La paciencia y constancia de este humilde cronista adjunto municipal rinden frutos, y finalmente pude conseguir a biografía del ameritado profesor Gaspar Barrientos, quien llegó a Antiguo Morelos a principios del siglo XX, destacándose de inmediato en la sociedad de esos años. Nació en Cruillas el 20 de septiembre de 1888 y no en Tampico como muchas personas del pueblo pensaban. Fue hijo de Florentino Barrientos Moreno y Trinidad Torres Galván; nieto de Jesús Barrientos y doña Carmen Moreno y bisnieto de Eufrasio Barrientos e Ygnes (Sic) Rivas, todos ellos de Cruillas. Sus tatarabuelos fueron don Adriano Barrientos y Ana María Cantú, oriundos de China, Nuevo León. Se casó con doña Paula Castillo y tuvo varios hijos: María (N. 1912), Artemio (N. 1915), Gaspar (N. 28 de enero de 1916), Lauro (N. 1920) y Jesús (N. 1922). En 1911 fue alcalde 3° constitucional de Antiguo Morelos. Tenía su residencia en la esquina de Juárez y Abasolo. En 1916 aún vivía en el pueblo Después de la revolución se fue a vivir a Cecilia –Cd. Madero– en donde se le consideró un gran maestro. Según la Lic. Carolina Infante, cronista de ese lugar, murió por problemas de alcoholismo. Una escuela de la comunidad 601 de Gómez Farías y otra de Madero llevan su nombre.

domingo, 23 de marzo de 2014

18 Festival de la Huasteca


Villa Juarez, Puebla, Agosto 2013.- Un servidor tuvo la fortuna de ser invitado por parte de las autoridades del ITCA del Gobierno del Estado para representar a Tamaulipas en el foro: Los Jóvenes de la huasteca y sus propuestas culturales, evento realizado dentro del Festival Nacional de las Huastecas, Xicotepec de Juárez, Puebla, 2013. A este festival acuden músicos, artesanos, danzantes, decimistas, bailadores tradicionales, trovadores, escritores y promotores culturales de los estados de Puebla, Querétaro, San Luis, Veracruz, Tamaulipas e Hidalgo y se realiza año con año en alguna ciudad de los antes mencionados. En mi participación me toco proponer la simplificación, capacitación y difusión para acceder a los programas culturales y de esa manera los jóvenes puedan llevar a cabo sus proyectos. En Antiguo Morelos hay muchos jóvenes con talento, es por ello que los invito a que se acerquen y conozcan todos los programas del ITCA y de CONACULTA y de esa manera saque adelante sus obras y proyectos de esta índole.
Así mismo, dentro de mi intervención en dicho foro, hice hincapié en la importancia de preservar nuestra historia y rescatar los archivos municipales de cada uno de nuestros municipios, para que de esa manera las nuevas generaciones conozcan sus raíces y los cronistas e historiadores tengamos fuentes confiables para nuestras investigaciones.
AGENDA DEL EVENTO Y PARTICIPANTES:FORO 9MESAS REDONDASCasa de Piedra12:15 – 14:30 Horas
Los Jóvenes de la Huasteca y sus propuestas culturales
Obed Hernández Vargas (Puebla)José Juan Hernández Hernández (Hidalgo)Hernán Andablo (Querétaro)Marvin O. Huerta Marquez (Tamaulipas)Gabino Manuel Gaspar (San Luis Potosí)Yuyulzin Pérez Apango (Veracruz)Moderador: Andrés Pascual Garci-Crespo

Onesimo Padrón Lara


N. 31 de octubre de 1950

A fines de la década de los 20´s llega al municipio de Antiguo Morelos una familia oriunda del estado de San Luis Potosí; Julián, Ángel, Juan y Sergio Padrón Ventura, quienes con la ilusión de mejores oportunidades, llegan a este municipio tamaulipeco y les toca la suerte de ser fundadores del ejido El Sauz. De esta familia desciende nuestro biografiado, quien tuvo la dicha de que fuera su padre el señor Ángel Padrón.
Onésimo Padrón creció rodeado de músicos de vara, como dicen en nuestro pueblo, oyendo canciones según comenta, como “indita mía” y “prieta linda” tocadas por sus hermanos, primos y tíos quienes se dedicaban a la música. Tuvo varios hermanos: Fortunato, quien tocaba la quinta huapanguera en el trio “tamaulipecos de Mante”; Eladio, músico de jarana de forma amateur; Honorio, quien tocaba “minuetes” en los velorios; Isidro, quien toca el violín, de ahí siguen: Altagracia, quien murió joven, Concepción, Engracia, Eustolia, Alfredo y Onésimo.
Como dato, un primo de Onésimo toco en el conjunto típico tamaulipeco, su nombre Serapio Padrón Reyes, hijo de su tío Juan Padrón Ventura.
Onésimo contrajo nupcias en un primer matrimonio y procreo a Briseida Padrón Rodríguez. Posteriormente el 15 de agosto de 1999 se casó con la señorita Nancy Martínez Rodríguez con quien procreó a Cristian Alejandro, Rosa María, Evelin Padrón Martínez.
Cuenta que aprendió los acordes de la guitarra quinta solo y oyendo a sus hermanos mayores. En 1983 formó junto a su hermano Isidro (Violín) y su primo Amador Padrón (jaranero hermano de Serapio el del típico tamaulipeco) el trio Hermanos Padrón, quienes con su estilo diferente deleitaron a mucha gente en esta región tamaulipeca.
A la muerte de su primo Amador entra al trio don Pedro Hernández - Q.E.P.D-  oriundo del Naranjo, S.L.P.
Relata Onésimo que dentro de la música se viven muchas alegrías y también se batalla y se sufre. Con sus hermanos recorría las calles de Cd. Valles, El Naranjo, Mante y Antiguo Morelos de cantina en cantina, para poder darle el pan de cada día a su familia.
En el trienio del profesor Javier Molina Barrera el ayuntamiento le obsequio a cada uno de los integrantes del trio una bonita cuera tamaulipeca y no había festival en el municipio a donde no los llevaran a tocar.
Otro de los momentos que marcaron su vida dentro  de la música, fue cuando fueron invitados a participar a un encuentro de huapangos en Xilitla, S.L.P.  Los hermanos Padrón nunca grabaron un disco de forma profesional; hay tres producciones grabadas de forma amateur, una de ellas fue precisamente en Xilitla y dos más en bares de Antiguo Morelos.
Hoy el futuro de los hermanos Padrón es incierto, don Pedro Hernández falleció, Onésimo fue amputado de una pierna, solo Isidro se mantiene activo tocando en bares de Cd. Mante.

Para finalizar la entrevista me comentó Onésimo que le gustaría que el gobernador y las autoridades del ITCA le donaran una prótesis, para de esa manera seguir trabajando en lo que más le gusta, la música de huapango.

¿La madre de Joaquín Hernández Galicia "La Quina" era de Antiguo Morelos?

Platicando en días pasados con doña Rosalva Arteaga Espriella descendiente de la familia Galicia de este municipio, me mostró esta fotografía que data del 4 de abril de 1944, en ella aparece en medio, una señora de nombre Leonor Galicia y su hermano Pedro Galicia a su izquierda. A su derecha se observa a su hijo, un niño de traje que supuestamente es Joaquín Hernández Galicia, “La quina”, ex líder petrolero nacido en Tampico, Tamaulipas el 12 de agosto de 1922. Indagando en páginas de genealogía como “familysearch” descubro que según el censo de 1930, vivía una familia en Cecilia, Tamaulipas (hoy ciudad Madero) cuya madre se llamaba Leonor Galicia y que tenía un hijo de nombre Joaquín Hernández que por la edad coincide con la del ex líder petrolero (nacido en 1922). Otro dato que me hace pensar que es muy probable esta teoría, es que en su libro autobiográfico menciona a su mama Leonor. Según me han comentado, “la quina” estudio primaria aquí en Antiguo Morelos para después irse a Tampico, esto es tradición, no he dado con la fuente para confirmarlo. Lo que si se, es que Leonor Galicia era hija de Lázaro Galicia, hermano de Pánfilo Galicia (político antiguomorelense de fines del siglo XIX) y nieta de don Porfirio Galicia y de doña Nazaria Salazar.

sábado, 22 de marzo de 2014

La Casa Embrujada de Antiguo Morelos



Por: Francisco Ramos Aguirre

Aquella mañana de noviembre de 1873, todo transcurría normal en el Rancho Allende de Antiguo Morelos. Después de ordeñar las vacas y supervisar la cosecha de maíz; Eusebio Balderas, entró a la bodega donde guardaba el algodón, y se detuvo estupefacto a la mitad de la habitación. Sus ojos no daban crédito a lo sucedido. Inexplicablemente, y sin alguien de por medio, los sacos de fibra, empezaron a trasladarse hacia el tejado de palma. Al principio atribuyó dicho fenómeno a las ratas de campo. Horas más tarde, la sorpresa fue mayúscula, cuando jorongos, almohadas, ropa y otros artículos domésticos se movían de su lugar, sin presencia de los roedores.
            Don Eusebio avisó a su esposa Alejandra Cruz y después de analizar la situación, atribuyeron la causa a los duendes o malos espíritus de la antigua casona. Para ahuyentarlos, convocaron al resto de la familia a la modesta capilla instalada del rancho.  El propósito era ahuyentar las fuerzas del mal, y por ello iniciaron un ritual de oraciones, jaculatorias, velas encendidas, incienso y agua bendita. Al día siguiente, lejos de aminorar la situación, los sucesos extraños continuaron con más fuerza.
A media tarde, doña Alejandra pasó gran parte de la jornada, seleccionando algodón para hilar. Antes de dormirse, colocó el producto de su trabajo y el malacate en un costurero. Al amanecer, encontró el canasto vacío. Después de buscar la fibra durante una hora, encontró el malacate en el tapanco. Junto a él, varios kilos de algodón hilado de extraordinaria calidad y textura, como si se tratara de un trabajo realizado por una máquina textil.
            Cuando las mujeres entraron a la cocina a preparar los alimentos, no localizaron en su lugar las manos del metate, ni la piedra para moler la salsa picante. A las pocas horas, salieron al campo, donde fueron localizados los implementos del metate, no así la bola del molcajete envuelta en un trapo y colgada en el tejado de la casa. Así, en el transcurso de los días, inexplicablemente cambiaron de lugar: servilletas, almohadas, cobijas, ropa y otros artículos. Ante tal situación, decidieron comunicarle dichos fenómenos al cura Jesús Rodríguez de la parroquia de Antiguo Morelos.
El opinó sobre la presencia de brujas,  diablos y duendes en ese lugar. Por tal motivo,  dispuso bendecir y lanzar algunos conjuros en la casa. Una noche, al entrar el clérigo a la habitación más amplia, poseída por los malos espíritus; Eulogia Balderas, hija de Eusebia, se quitó el reboso ante la presencia y lo colocó en una grada. Minutos más tarde la familia y el sacerdote, se percataron que había desaparecido. Entonces lo buscaron infructuosamente por varias horas. Como último recurso, abrieron con una llave la cerradura de un viejo baúl y sacaron la ropa, pieza por pieza. En el fondo, estaba el rebozo, cuidadosamente doblado. Al desplegarlo, se fragmentó en cuatro tiras, perfectamente cortadas con tijeras.
Éstos y otros extraños fenómenos, continuaron presentándose varios días. Otras veces, ante la vista de familiares y vecinos, flotaban en el aire: metates y costales de sal que luego se derramaban en el suelo. Cierta ocasión, las jóvenes Plácida y Anacleta, extrajeron de la noria dos cubetas de agua, y en trayecto, las correas que las sostenían se desataron. Ambas mujeres fueron sujetadas y arrastradas  varios metros por la reata. En tanto, en presencia de algunos testigos,  manos invisibles accionaron unas tijeras y cortaron las trenzas a la misma Anacleta. Igual sucedió a Lucía de cinco años, a quien despojaron de sus trencitas. Otras veces, aquellos seres invisibles  lanzaban piedras, sin que les causaran daño.
Los Balderas acudieron nuevamente al presbítero de Morelos, quien les recomendó consultaran a Ramón Lozano, un ex sacerdote que vivía en la Hacienda del Tigre. “Esto no tiene ninguna semejanza con diablos, brujas o duendes. No crean en eso, sino en un Dios todo poderoso.” Les dijo, mientras se declaraba incompetente para descifrar los raros acontecimientos. En cambio les entregaba una carta dirigida a un espiritista de la Villa de Quintero.
Desesperado, antes de regresar a su terruño, Balderas visitó algunos amigos en Ocampo y les platicó sus inquietudes en busca de un consejo. Unos se inclinaban por los diablos, otros afirmaban que eran duendes traviesos; mientras las mujeres atribuían los males a las brujas.
Cuestión de fe o casualidad; después de acudir con el brujo de Quintero y acatar sus recomendaciones al pie de la letra;  increíblemente los misteriosos acontecimientos se suspendieron de la noche a la mañana. A partir de ese momento, la tranquilidad reinó de nuevo en la casa de aquella familia.

(Basada en una nota del periódico El Radical, México, D.F, 22 de marzo de 1874, p. 1)