Conoce más de la historia de este municipio del sur de Tamaulipas

Podrás disfrutar de sus lugares turísticos, así como también de su rica gastronomía donde destaca la inigualable cecina; carne preparada con limón y sal, y sin faltar las artesanías de Congregación Fortines.

Parroquia del señor San José, símbolo de Antiguo Morelos

Este monumento protegido por el INAH se cree comenzó a construirse a principios del siglo XIX. En el año de 1879 don Eduardo Almazán, Presidente municipal de aquel entonces, mando construir la torre de la iglesia.

Página oficial del Cronista adjunto de Antiguo Morelos

El objetivo de este blog es dar a conocer los hechos históricos, anécdotas, personajes, lugares turísticos, etc. de este municipio.

martes, 28 de noviembre de 2023

 saludos

domingo, 3 de noviembre de 2019



En 1849 una fuerte sequía, de las peores del siglo XIX, azoló el norte del país, y la villa de Baltazar Morelos fue una de las más afectadas en Tamaulipas, provocando una carestía de los alimentos y un aumento en los precios del maíz, frijol y trigo. Por esta razón, buena parte del vecindario de esa villa huasteca llegó a considerar el traslado de la cabecera municipal a Mesillas, al otro lado de la sierra de Nicolás Pérez, por lo que solicitó al gobernador Jesús Cárdenas la reubicación de poderes a un lugar donde el vital líquido fuera constante.
El alcalde de Morelos y su cabildo habían puesto sus ojos en la floreciente congregación de Mesillas, localidad a la cual muchos pobladores se habían empezado a mudar años atrás, ya que ahí corría el río de los Gatos, afluente del río Valles, el cual llevaba agua todo el año.
A pesar de esa dramática solicitud, el gobernador Cárdenas poca atención le prestó a la petición, problemas domésticos más demandantes como la polémica situación limítrofe con Nuevo León en los confines de Mier, Villagrán y Bustamante; la consolidación de la nueva municipalidad de San Juan de la Miquihuana o la construcción del camino de Victoria a Tula reclamaban el mayor interés del Estado, mientras que por otra parte la conflictiva rebelión de La Loba, eclipsaron sin duda la demanda de permuta que hacían en Baltazar Morelos.
Los años transcurrieron y la población de Mesillas se fue consolidando y creciendo, mientras que Morelos decaía cada vez más. Un vecino de la época diría:
“Debido a los pocos elementos de progreso con que este pueblo contaba, pues se había establecido en una situación aislada, alejado de toda vía de comunicación entre las ciudades principales del Sur del Estado, y hasta el agua era en él escasa y de no muy buena calidad, pues que el arroyo que pasa por sus cercanías y que recoge las aguas de las cañadas de las vecinas montañas se seca todos los años”.
En esa época, el camino más importante que atravesaba el municipio, era el de herradura que conducía a San Luis Potosí, pero éste pasaba media legua al Norte de Morelos, mientras que en Mesillas, dicha vía pasaba por el centro de la población, de ahí su importancia, al ser paso de mercancías procedentes de Querétaro y de la capital potosina con rumbo al puerto de Tampico.
Juan José de la Garza finalmente escucha la petición
Convertida Mesillas en un punto comercial y social del municipio de Morelos, el presidente municipal Candelario Hernández revivió el 7 diciembre de 1859 el anhelado deseo de cambiar de ubicación la cabecera, pues de mutua conformidad con vecinos, solicitó a don Agustín Iguera, Administrador de la Aduana Marítima de Tampico, su intervención ante las
autoridades del Distrito Sur, para que ellas a su vez se lo hicieran saber al gobernador sus deseos.
En enero de 1860 don Jesús Izaguirre Moctezuma asumió la presidencia de Morelos y presionó más a las autoridades. A este personaje no solo lo guiaban los deseos en pro del vecindario, sino los suyos propios, pues él había nacido en Mesillas en 1810.
Durante los siguientes meses, un sinnúmero de cartas fueron intercambiadas entre el cabildo y el Jefe Político del Distrito. En una de ellas el presidente municipal les propuso que para darle ejido a la nueva villa de Morelos, el gobierno podía hacerlo tomando un sitio de ganado mayor de los terrenos que los Sres. Leones tenían incultos y con una insignificante cría de ganado y tres más de los terrenos de la familia Rascón, que se encontraban en igual circunstancia.
El 13 de octubre de 1860, don Manuel Gardette, Jefe Político del Distrito Sur de Tamaulipas, escribió al gobernador Juan José de la Garza que debía accederse a lo que deseaban los morelenses, previa la medida de los Ejidos del pueblo, que en su concepto, y según el conocimiento que tenia de aquella localidad, convenían los que presentaba Izaguirre, añadiendo que por los informes que adquirió, se le informó que parte de los terrenos de Mesillas correspondían al Estado como baldíos.
Finalmente el 19 de octubre de 1860, el gobernador de Tamaulipas, Lic. y Gral. Juan José de la Garza, expidió un decreto en el que establecía que la Congregación de Mesillas sería conocida en lo sucesivo con el nombre de Nuevo Morelos. La resolución se componía de cinco artículos y en ellos se estableció que los poderes pasarían a la nueva villa hasta el 1 de enero de 1861, que la jurisdicción del Nuevo Morelos será la misma que la del Antiguo, con excepción de la parte designada a la Villa de Quintero y que un agrimensor nombrado por el gobierno estatal practicará la medida de los terrenos.
Primeros meses de la nueva cabecera municipal
Los días previos a la permuta debieron ser de tensión y enojo para muchos y de regocijo para otros. El 31 de diciembre de 1860, don Jesús Izaguirre dejó el puesto de Presidente y el 1º de enero de 1861, ya en Nuevo Morelos, tomó protesta como nuevo Presidente propietario don Juan Ochoa Espriella.
El 6 de enero de 1861 se verificaron elecciones para nombrar a los Electores Distritales que representarían al municipio en los próximos comicios para elección de gobernador,
resultando electo por la Sección 4ª don Jesús Izaguirre, mientras que por la Sección 2ª (Fortines) don Vicente Campillo obtuvo la mayoría. En la Sección 1ª don Claudio Izeta se hizo acreedor al cargo y en su nombramiento se hizo sentir la protesta, pues aunque el oficio membretado decía “Congregación del antiguo Morelos” al finalizar escribieron “por la sección primera de la municipalidad del antiguo Morelos”. Algo por demás fuera de lugar, ya que si era congregación, no podía tener el rango de municipio. Pero el
descontento por no ser ya cabecera era mucho.
En ese clima de tensión, el 20 de marzo llegó a Nuevo Morelos, el Ingeniero Topógrafo Alejandro Prieto, quien se encargaría de tomar las medidas oficiales de la nueva cabecera.
El periódico nacional EL SIGLO DIEZ Y NUEVE, publicaba que en junio de 1861 se habían edificado nuevas casas consistoriales, una nueva cárcel y nueva Iglesia guiada por Ramón
Lozano; y para septiembre, la población de Nuevo Morelos aumentaba rápidamente, y que en ella se construían un gran número de casas y que sus calles habían sido perfectamente alineadas, recibiendo el nombre de próceres de la guerra de Reforma.
División en Antiguo y Nuevo Morelos
Las cosas no salieron como se esperaba, ya que varios de los vecinos de Baltazar Morelos, se negaron a abandonar este punto, y mucho menos ser sujetos a las autoridades del Nuevo Morelos, por lo que pretendían seguir bajo las condiciones de municipio, con sus propias autoridades.
A pesar de esas diferencias entre ambas comunidades, nada se pudo hacer en los primeros meses, pues el gobierno de Tamaulipas tenía cosas más apremiantes que resolver, como el grave conflicto político entre los Rojos y los Crinolinos; derivado de los resultados electorales entre dos facciones liberales que se declaraban vencedoras. Y, por si fuera poco, la inminente intervención extrajera en el litoral del Golfo preocupaba aún más. Por lo tanto, el caso de los Morelos poco importaba.
Sin duda alguna, el punto que acrisoló esa resistencia fue cuando las autoridades de Nuevo Morelos, no satisfechos con haber trasladado al otro lado de la sierra los poderes municipales, se llevaron una campana de la Iglesia de San José, y al tratar de llevarse las dos restantes, los vecinos del viejo Morelos se opusieron, registrándose un fuerte choque entre los habitantes de ambos poblados.
Sobre esto, don Joaquín Meade menciona que el gobierno de Tamaulipas, deseando evitar la repetición de actos violentos de esa naturaleza, resolvió finalmente la división territorial. No se tiene la evidencia documental al respecto y, de existir, aún no se ha encontrado, pero es muy probable que esto ocurrió a fines de marzo o principios de abril de 1862, durante el gobierno estatal de Ignacio Comonfort; quien en un rasgo de conciliación, y sobre todo para mostrar unidad entre los pueblos de Tamaulipas ante la
intervención extranjera, atendió la petición de los morelenses, disponiendo que la antigua cabecera continuara bajo las condiciones de municipio.
Una vez decidido lo anterior, las dos poblaciones pretendían conservar el nombre de Morelos, por lo que se decidió de una manera salomónica, darle a uno el nombre “Antiguo” y al otro el de “Nuevo”. Tal decisión tuvo la general aceptación de todo mundo, resolviéndose así pacíficamente el conflicto; aunque las rencillas entre ambas villas continuaron hasta mediados del siglo XX, pues las autoridades de Antiguo Morelos intentaron en 1921 y 1942 recuperar la jurisdicción que sentían perdida desde la emancipación de Mesillas.
Para 1870 el mismo Alejandro Prieto reconocía que pese a la gran expectativa que generó la nueva villa, ésta se había estancado, mientras que la antigua, contra todo pronóstico, florecía, crecía y contaba con los principales capitales de la región.
marvin-huerta@hotmail.com
Quítenos el “Antiguo”, somos Morelos a secas…
A principios de marzo de 1898, el Visitador Judicial de Tamaulipas, Lic. Jacinto Cortina, visitó Antiguo y Nuevo Morelos, dándose cuenta de las rencillas por el nombre.
Mientras en el Nuevo el Ayuntamiento le solicitó al gobernador, bajo su conducto, que se llamaran en lo sucesivo “Villa de Arriola” en honor al lugarteniente de Pedro J.
Méndez, en el otro se le pidió que se le quitara lo de “antiguo” y quedara solamente en Villa de Morelos, pues ellos eran los originales. El gobernador Guadalupe Mainero estaba a favor de eso, a fin de hacer desaparecer las rencillas que en el pasado existieron, solo que en lugar de “Arriola” propuso el de “Villa Juarez”. Para noviembre de 1899 quedaba descartada por completo la petición hecha un año antes por ambos cabildos.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El Primer encuentro de cronistas e historiadores de Tamaulipas

Marvin Huerta, cronista adjunto de Antiguo Morelos junto a los cronistas de Burgos, Llera y Tula

Por: Ambrocio López Gutiérrez
Fecha:2015-03-13


Investigadores, docentes y estudiantes de la máxima casa de estudios de la entidad tuvieron una brillante participación en el Primer Encuentro de Cronistas e Historiadores organizado por el Gobierno del Estado, a través del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA) y por la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), a través del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH), desarrollado recientemente en el auditorio del Museo Regional de Historia.
Correspondió a la titular del ITCA, Libertad García Cabriales, la Inauguración y las palabras de bienvenida con las que felicitó a los organizadores por lograr congregar a los amantes de la historia de diferentes rumbos de la entidad; ella estuvo acompañada por la titular del IIH-UAT, Laura del Consuelo Hernández Montemayor, por el director del MRHT, José Carlos Mora García; por Pedro Alonso Pérez, presidente de la Sociedad Tamaulipeca de Historia, y de otras personalidades.
De la Conferencia: El Cronista frente al Espejo de la Historia, por el historiador Octavio Herrera Pérez pasaron a la Mesa 1: Patrimonio Cultural de Tamaulipas, donde participaron: Alejandro Rosales Lugo; Personajes y Arquitectura en la Ciudad. (Victoria); Clara García Sáez; De Tamaulipas a Tamatán, La Construcción de un Paisaje Como Patrimonio, (Victoria); J. León Rodríguez. Monumento al General Alberto Carrera Torres. (Bustamante); Carlos Rugerio Cáceres; Carlos Flores Marini en Tamaulipas. (Guerrero); Tomás Reséndez González. La Soberanía de Tamaulipas. (Victoria); Moderador: Benito Navarro González.
En la Mesa 2: Los Cronistas Cuentan la Historia, participaron: Francisco Castellanos. Altamira Heroica (Altamira); Marvin Huerta Márquez; Baltazar Morelos; Siglo XIX, (Antiguo Morelos); Julián Zúñiga Treviño. Burgos, Tierra de Gente Grande (Burgos); José Ascención Maldonado Martínez; Fundación de Llera y la Pretensión de Cambiarle el Nombre Original. (Llera); Raúl González Zapata; Utilidad del Archivo Histórico de Tula, Para la Reconstrucción de su Historia. (Tula); Moderador: José Domingo de la Cruz Pérez; en la sesión vespertina se presentó la Conferencia: Las Sociedades de Historia, a cargo de Pedro Alonso.
En el mismo sitio tuvo lugar la presentación de la Revista Septentrión (Números 7 y 8) con la presencia de Laura Hernández Montemayor, Miguel Rubiano Reyna y Baldomero González Sotelo); luego se pasó a la Mesa 3: Los Cronistas en su Tinta, con Mario López Paredes; Crónica de un Médico Rural, (Padilla); Héctor Zúñiga; Jaumave y su Historia (Jaumave); Guillermo Rubio Gomara; Soto la Marina en la Guerra de Independencia y Post Independencia (Soto la Marina); Javier Mendoza Urbina; La Casa de José de Escandón (Jiménez); Víctor Ervey Moreno Hernández; La Cruz de Caravaca en Palmillas (Palmillas; enseguida se verificó la presentación de la Revista Tamatán 2 a cargo de Francisco Ramos Aguirre.
La programación del encuentro incluyó la mesa 4: Los Muertos Hablan; Archivos y Memoria; Andrés Cuéllar; Propuesta Editorial para la Historia Municipal (Matamoros); Norma Débora Treviño Vázquez; Sistematización del Acervo de Imágenes del CBTIS 24 (Victoria); Baldomero González Sotelo; Documentos para la Historia de Tamaulipas; Serie Ayuntamientos del Fondo AGHET (Victoria); Jaime Rodríguez Sánchez; El Patrimonio Histórico y Documental; Los Papeles del Banco de Tamaulipas (Victoria); Juan Díaz Rodríguez; Archivo Municipal de Llera (Victoria); Moderador: José Manuel Porras Martínez.
La Mesa 5: El Noreste Mexicano: Sergio Reséndiz Boone; Juan Antonio de la Fuente: Defensor de la Soberanía y Forjador del Estado Laico (Saltillo); Elvia Guadalupe Morales García; La Tradición del Vino en Parras de la Fuente (Parras, Coahuila); Antonio Guerrero Aguilar; Sabia Virtud de Conocer la Crónica (Santa Catarina, Nuevo León); arqueólogo Gustavo Ramírez Castilla; Los Indios de la Sierra Madre (Victoria); Graciela España Lozano; Alfonso de León (Monterrey); en ese marco tuvo lugar la presentación del libro: Indígenas del Delta del Río Bravo, de Martín Salinas Rivera (Reynosa).
Mesa 6: Historias en el Tintero: Mireya Peña Razo; Rapto de la Mujer (Victoria); Mario Dix Salazar; El contrabando de armas en la frontera norte de Tamaulipas; (Victoria); Marco Antonio Torres Méndez; El Fenómeno del Abigeato en la Frontera Norte 1871-1910 (Victoria); Manuel Manzano Castillo; Las Compañías Gordon y Watson en Tampico (Victoria); Fernando Olvera Charles; Los Pobladores Indios de las Márgenes del Río Grande y su Incorporación al Proceso Colonizador de Nuevo Santander, Siglo XVIII (Victoria). Moderador: Benito Navarro.
Mesa 7: Educación y Sociedad: Yessenia Flores Méndez; “Vayamos con todo cariño a laborar por la educación del campesino”; Orígenes y Desarrollo de la Escuela Normal Rural de Tamatán, Tamaulipas (Tula); Luisa Álvarez Cervantes; Historiografía de la Educación en Tamaulipas (Victoria); Arcadio García Cantú; En Busca de la Historia del Presente y lo Cercano (Victoria); Rosalba Dávila de Cuéllar; Sociedad Tamaulipeca de Historia, Geografía y Estadística de Matamoros, AC (Matamoros); Francisca Estrada Lara; La Educación en Gómez Farías (Gómez Farías); Moderador: José Domingo de la Cruz Pérez.
Mesa 8: Puras Historias: Enrique González Filizola; Escenografía Histórica Victorense: Un Efímero y Cambiante Patrimonio Tamaulipeco (Victoria) Juan Pedro Báez Terán; Tierra y Libertad; Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos de Tamaulipas (Victoria); Rolando Arturo Contreras y Navarro. ¿Y la Historia Qué? (Reynosa); José María García Báez; La Sauteña. (Río Bravo); Moderador: Francisco Mendoza.
Profesores, cronistas y estudiantes que participaron en el encuentro valoraron positivamente que la UAT, bajo la conducción del Rector Enrique Etienne Pérez del Río, auspicie junto a otras instituciones este tipo de encuentros donde es posible intercambiar saberes producto de la investigación científica profesional, resultados del trabajo de tesistas de licenciatura y posgrado, junto a las valiosas aportaciones de los cronistas de las villas y ciudades tamaulipecas.
Habría que valorar el trabajo de JCMG, director del Museo Regional de Historia de Tamaulipas quien, junto a un equipo profesional, logró reunir por primera vez a posgraduados, licenciados, estudiantes, cronistas y amantes del acontecer histórico para intercambiar experiencias en torno a múltiples temas de interés general; entre muchos cronistas de diferentes localidades participaron el victorense Gustavo Adolfo García Paz y el vallehermosense Agustín Ávila Gaviña.

Correo: amlogtz@prodigy.net.mx

Andanzas por la Huasteca tamaulipeca: Tampemol-Baltazar-Antiguo Morelos



25 agosto, 2015

Tengo ya casi una hora de estar hablando ante un selecto y nutrido público de parroquianos de Antiguo Morelos, cuando de repente suena con un tono grave un solo campanazo, desde la cercana torre de la parroquia de San José; se hace una pausa y nuevamente suena otra vez la campana. En ese momento uno de los asistentes me pregunta que si tengo idea de lo que aquél sonido significa, y tuve que confesar con franqueza que lo ignoraba. Resulta que es el modo en que los lugareños anuncian que alguien ha fallecido apenas unos momentos atrás. Es una costumbre ancestral del anuncio de la muerte que aún se conserva en esta pequeña comunidad tamaulipeca, ante lo que todos guardan respeto y hace recordar que alguna vez esa campana sonará por nosotros mismos, haciendo desaparecer en un solo acto actitudes humildes o de arrogancia, las que suelen caracterizar a la naturaleza humana, predominando generalmente esta última.

Luego de este episodio mi charla continuó sin que el público se impacientara. Mientras, afuera el bochorno de un calor por encima de los 40 grados centígrados (el evento había comenzado, ¡a las cuatro de la tarde!), dejó pasó a una tormenta que parecía que el cielo se caía encima. Finalmente la lluvia cesó e imperó el fresco, y tras tres horas y media de continua narrativa, di por concluida mi intervención, sin que uno solo de los asistentes hubiese abandonado su lugar, y que en varias ocasiones me pidieron extenderme en algunos de los temas abordados. En esencia la temática de mi presentación tuvo que ver con una de las áreas de mi interés profesional, como lo es el conocimiento de la historia y la cultura regional de Tamaulipas, que en esta ocasión fue para dar un panorama sobre esta parte del territorio de la entidad, enclavado en lo que llamamos la Huasteca. Y vaya que temas había muchos de los cuales echar mano, como también es sorprendente constatar el interés de la gente por escuchar y conocer acerca del pasado de su terruño y de las tareas por hacer para que ese legado siga presente y aun trascienda hacia el futuro, como es prueba tangible la inquietud que predomina en la comunidad de Antiguo Morelos.

De entrada la geografía se impone. Ya que este municipio en un extenso valle flanqueado por sendas cordilleras de la Sierra Madre Oriental: la sierra de Tanchipa o de Cucharas y la sierra de Tamalabe, Nicolás Pérez o Tanchahuil; escenario colindante con uno de los núcleos montañosos donde ocurrió uno de los procesos de la génesis agrícola en el México antiguo y por tanto de la cimentación originaria de la cultura mesoamericana. Más tarde, tanto en este valle como en la colindante llanura del río Mante como en el valle paralelo de Mesillas (Nuevo Morelos), arraigarían los pueblos de lengua mayense, de la rama teenek, conocidos como los huastecos, cuya presencia ha sobrevivido hasta nuestros días en los vecinos estados de San Luis Potosí, Hidalgo y Veracruz. Aquí en el sur de Tamaulipas la irrupción de la guerra chichimeca entre los siglos XV y XVII hizo que los pueblos huastecos septentrionales se colapsaran y más tarde, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, la región fuera ocupada principalmente con población mestiza. Tampemol se llamó el pueblo huasteco que identifica a Antiguo Morelos, aunque en realidad hubo varias aldeas huastecas en distintos puntos del valle. Y, como suele suceder, una habilitación ganadera del sitio donde se encontraba este asentamiento, fue barrido hace años por maquinaria pesada para nivelar el terreno. Caso contrario al sitio donde se encontraban los pueblos de Tantchin o Camalauche (Mesillas/Nuevo Morelos), que ya en tiempos modernos se identificó con la nomenclatura de Vista hermosa, donde en la década de 1970 Guy y Claudé Stresser Péan realizaron una valiosa excavación arqueológica que reportó excelentes resultados, así como la recuperación de varias piezas de extraordinaria belleza, algunas de las cuales se exhiben hoy en la sala del Golfo de México del Museo Nacional de Antropología; aunque destruido más tarde por buscadores de “tesoros”.

Durante el siglo XVII, la frontera novohispana configuró en esta región un par de grandes propiedades, cuya presencia se prolongó hasta entrado el siglo XX; de esa extensión temporal son los procesos históricos y así hay que estudiarlos, desde la óptica de la metodología del quehacer histórico, al momento de relacionarlos con los acontecimientos de la configuración regional a detalle. Una de ellas fueron los Sitios de la Huasteca/San Juan Evangelista del Mezquite, al oriente de la sierra de Tanchipa, y la otra, al occidente de esta sierra, la hacienda de San Ignacio del Buey. En el primer caso, luego de pertenecer a varios propietarios, acabó siendo de Manuel Rojo y Veyra, arzobispo de Manila, quien cedió a José de Escandón la región del Mante, para la dotación de tierras a los colonos de la ciudad de Horcasitas en 1762 (Magiscatzin/González), quienes cruzaron el Abra de Tanchipa, donde se configuró la comunidad de Baltazar, desde 1765. El problema fue que esas tierras eran del latifundio del Buey, perteneciente al fondo piadoso de Californias, por lo que sus vecinos debían pagarle renta. No obstante, en 1816 el gobernador Juan de Echeandía, en base al padrón hecho por el coronel Juan Quintero, sugirió al comandante Joaquín de Arredondo la formalización de una villa, que de facto se estableció en 1821, y de jure en 1828, por decreto del congreso del estado, permutando su nombre al de villa de Morelos. Y aunque el 1830 el Gobierno de Tamaulipas les dotó de un fundo legal, debió negociarse formalmente hasta 1842, con el acuerdo de la hacienda de San Ignacio del Buey, que cedió una legua en cuadro para esta población, por parte del nuevo propietario de la hacienda, Felipe Neri del Berrio, quien traspasaría poco más tarde la propiedad a Domingo Rascón.

Y como la gente siempre busca mejorías, la escasez de agua en Morelos hizo que muchos de sus vecinos cruzaran la sierra de Tanchaguil y solicitaran en 1861 reubicar los poderes municipales en la congregación de Mesillas (Nuevo Morelos), a lo que convino el gobernador Juan José de la Garza. Y aunque apenas se había disipado la Guerra de Reforma, con la separación de la iglesia del estado, el punto de resistencia a esta permuta por parte de unos vecinos disidentes, fue que se quisieron llevar las campanas de la modesta iglesia de San José. Entonces ardió Troya, y no hubo más remedio que crear dos Morelos, con sendas cabeceras municipales: el Antiguo y el Nuevo. En seguida ambas comunidades vivieron la experiencia de la guerra patriótica contra la intervención francesa, y al encontrarse sobre el eje comercial entre Tampico y San Luis Potosí, en la década de 1870 cruzó por ambas villas un camino carretero hacia San Luis Potosí.

Ya en el siglo XX, durante la reconstrucción posrevolucionaria ambos Morelos sufrieron las consecuencias de una guerra civil inconclusa, al ser presa de la guerrilla carrerista y cedillista, que obligó a sus habitantes a abandonar sus pueblos en 1918. La repoblación comenzaría paulatinamente dos años más tarde. Otro episodio relevante fue el auge que se experimentó aquí en las décadas de 1930 a 1960, como resultado del paso de la Carretera Panamericana y la carretera Tampico-Barra de Navidad. Ligada su economía a la agricultura, ambos municipios disfrutaron del auge cañero y tomatero, pero hoy en día esta actividad está francamente en picada, por el abandono que han hecho del campo los gobiernos nacionales, entregados a la dinámica del neoliberalismo. Algo paradójico, por la excelente calidad de las tierras de que se dispone en esta región y el interés de su gente en tener oportunidades de trabajo, como lo demuestran plenamente los artesanos de congregación Fortines, que elaboran verdaderas joyas de un arte utilitario de gran valía para los hogares, como son sillas, sillones y toda clase de objetos similares.

En esta andanza en la Huasteca tuve otra grata experiencia, como fue palpar el ánimo de su gente ante la realidad que vivimos todos los mexicanos, que a pesar de todo, es esperanzador. El inicio de la reorganización del archivo histórico municipal fue otro gran estímulo para volver a seguir recorriendo las regiones de nuestro estado. Y, sobre todo, el rescate del poste limítrofe de la congregación de Fortines, labrado en un madero de mezquite en 1895, que habrá de formar parte del museo local de Antiguo Morelos, “Policarpo Castillo Almanza”, construido y animado con puro esfuerzo local, felicidades.

ocherrera@uat.edu.mx

Un cura heterodoxo en Santa Bárbara y los Morelos



Por: Dr. Octavio Herrera Pérez

Para cuando comenzó en México el derrumbe del antiguo régimen político, enraizado aún en la época colonial, hacia 1854, y se escuchó el estallido del plan de Ayutla en las montañas del sur del país, en la villa de Santa Bárbara, el presbítero Ramón Lozano cumplía poco más de un año de haberse encargado del ministerio de la parroquia del lugar. El caso fue que a pesar de su formación sacerdotal, seguramente realizada en el seminario de Monterrey, imbuido por la ideología política liberal en boga, se involucró con un grupo de intelectuales y religiosos que pretendían realizar cambios y reformas en la rígida estructura de la Iglesia, entre los que se contaba a Melchor Ocampo, quien alentaba la formación de una Iglesia católica nacional, apartada de los lineamientos provenientes del Vaticano.
Aun con esas aspiraciones, Lozano no abandonó su ministerio, máxime que se desató en el país la Guerra de los Tres Años, entre liberales y conservadores, al ser desconocida por el presidente Ignacio Comonfort la Constitución de 1857. Fue así que Benito Juárez tomó las riendas del gobierno republicano, quien abastionado en el puerto de Veracruz, proclamó las Leyes de Reforma, con las que separaba a la Iglesia del Estado y formalizó la desamortización de los bienes del clero. Por tal motivo el arzobispo de México, Lázaro de la Garza y Ballesteros, en unión de otros prelados, entre los que se contaba al obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González, se opusieron a dichas reformas en 1859, arrojando más leña al fuego.
Pero el noreste, a diferencia del centro del país, estaba en manos de caudillos liberales, por lo que el obispo Verea y González se desdijo un año más tarde, autorizando en los hechos la aplicación de las reformas en su jurisdicción, como así se lo hizo saber al gobernador de Tamaulipas, el licenciado Juan José de la Garza, pero más que por convencimiento lo hizo para salvar en lo mayor posible los intereses de la Iglesia en su región, ya que la derrota de los conservadores parecía inminente, como lo fue. En ese momento fue que el padre Lozano saltó a la palestra, queriendo de entrada combatir una de las costumbres más arraigadas –pero también más transgredidas– de la Iglesia: el celibato. El asunto era que él mismo había procreado tres hijos con Cesaria Quintero, a los que quiso legitimar con su nombre ante el Registro Civil, pero previa solicitud ante la legislatura local en 1861, dada su condición sacerdotal. Como era previsible, esta solicitud se convirtió en toda una argumentación política favorable a los intereses reformistas en curso, lo mismo que una nota de escándalo público, pero de lo que no hubo la menor duda fue que la autorización legislativa fuera unánime. Incluso tuvo repercusión a nivel nacional. Hubo quien opinara que debió haber contraído el matrimonio civil, pero como no tuvo ya el valor, se reconocía la posición de la legislatura; por otra parte, la sociedad de beneficencia pública del valle de Morales, Michoacán extendió un voto de gracias por este acto a la legislatura de Tamaulipas.
Ante esta insólita decisión del párroco de Santa Bárbara, que lo situaba al borde de la expulsión de la Iglesia, pronto fue impugnado por las plumas afines a la clerecía y por el propio obispo de Linares.
Situado en un punto de no retorno, Lozano contradijo a Verea y González, criticó a la burocracia eclesiástica y justificó abiertamente su actitud, al decir: “Tan insolente conducta (del obispo) no puede motivarla la legitimación de mis hijos, porque en sí es buena: el concubinato de que procedieron, porque es tan común a todo el clero del mundo, con rarísimas excepciones que ya no hay prelado que se ocupe de él. Todos mis antecesores en esta parroquia fueron tan frágiles como yo: los más virtuosos y modestos tuvieron hijos que aún viven en la miseria por no haber cumplido sus padres con los deberes de la naturaleza; otros fueron denunciados por escandalosos y adúlteros, y probados los hechos, fueron castigados por la mitra de Monterrey elevándolos a puestos más altos”.
Ya con los puentes rotos, el padre Lozano publicó un amplio documento, en el que propuso la organización de la Iglesia Nacional, “en la que se predicara el evangelio en su más completa pureza”; esto le valdría más tarde el epíteto de “el Hidalgo de la independencia religiosa en México”. Pero no solo se quedó allí, ya que con el apoyo de sus feligreses de Santa Bárbara y Nuevo Morelos, dio por hecho la creación de su propia iglesia, desconociendo su sometimiento a la autoridad de la Iglesia católica, debido al autoritarismo de sus obispos, como bien lo había sentido en carne propia de parte del prelado de Monterrey. Esta iglesia reconocía las Leyes de Reforma y se desligaba también de la autoridad papal, pero conservando los dogmas básicos del catolicismo.
Pero no solo en el nivel eclesiástico tuvo un papel protagónico el padre Lozano, ya que como líder de su comunidad, se puso al frente de sus intereses cuando la ocasión lo demandó. Así sucedió en abril de 1864, en la víspera del arribo inminente de la ofensiva imperialista contra Tamaulipas, cuando el jefe político y comandante militar del Cuarto Distrito, coronel Gabriel Arcos Arreola, con el argumento de requerir reclutar hombres para la resistencia, cometió una serie de tropelías entre las familias de Santa Bárbara, por lo que el pueblo en pleno lo derrocó, asumiendo provisionalmente el mando el presbítero Ramón Lozano. Pero el problema era que la situación política interna en la entidad era pésima, con muchos caudillos arrogándose el poder y estar completamente divididos. Por tal motivo, cuando avanzaron las columnas del general Tomás Mejía y del contraguerrillero francés Charles Dupin sobre el estado, no encontraron resistencia. De esta forma de inmediato el imperio de Maximiliano habilitó a su favor el eje comercial entre Tampico y San Luis Potosí, vía la villa de Santa Bárbara, que pronto fue ocupada por los oficiales imperialistas. Hasta un nuevo párroco llegó, Mr. Chandrón. Pero poco le duró el gusto al francés, ya que en abril de 1865, alentados por Pedro José Méndez, hubo un pronunciamiento de los patriotas de Santa Bárbara, que recuperaron temporalmente la villa, haciendo huir al párroco extranjero, por lo que, seguramente Lozano, dejó escrito un insulto explícito de su puño y letra contra el extranjero usurpador, en uno de los libros de la parroquia.
Tiempo después el padre Lozano estaba ya entregado a la vida civil, incluso fue electo como diputado al congreso local en 1871, aunque más tarde se tienen noticias de que seguía ofreciendo sus servicios espirituales al menos hasta mediados de la década de los setenta y atendía una escuela para treinta niños. También se dedicaba a la labranza del campo, siendo miembro de la Sociedad Mexicana de Agricultura; además fue el promotor para que Santa Bárbara fuera declarada como Ciudad Ocampo. Por último, Lozano se retiró a un pequeño rancho en el municipio de Gómez Farías, donde un contemporáneo, el pastor protestante Samuel A. Purdie, radicado en Antiguo Morelos, lo describió vestido en forma pulcra y distinguida, amén de prodigarle elogios como un férreo opositor al dogmatismo romanista. Una verdadera lucha religiosa a una escala local, como se vería en 1890, cuando el “virtuoso” cura de Santa Bárbara, Agustín Ramos, alentaba a su grey a incendiar las casas de los protestantes; pero eso será otra historia que contar.

ocherrera@uat.edu.mx

Doctor Gabriel Torres Garza, primer profesionista en Antiguo Morelos.


Hijo de una acaudalada familia originaria de Baltazar Morelos. En la juventud su padre don Fermín Torres Hernández lo mandó a estudiar a la capital potosina, en donde se graduó en 1907 como médico cirujano.

EL 6 de junio 1907 presentó su examen profesional y presentó su tesis "tumores epsiteliales del seno" en la facultad de medicina de SLP, asi lo menciona en sus paginas el periódico "El Contemporáneo: diario de la tarde" de la capital potosina de esa fecha.

En 1917 fue nombrado director del hospital "Miguel Otero y Arce", cargo al que renuncio por contender por una diputación federal suplente en 1918, en la que obtuvo el triunfo junto a su compañero de formula. En 1920 se volvio a lanzar, solo que esta vez como candidato titular; pese a ganar la elección del 10 Distrito electoral federal con cabecera en Valles, perdió en la mesa al ser originario de Antiguo Morelos y no de Valles, entre otras irregularidades que sus enemigos políticos presentaron en su contra.
he aquí parte de los debates en la cámara de diputados federal:
"El candidato Ildefonso Peña pide la nulidad de la elección recaída a favor del doctor Torres Garza, por no ser éste originario del Estado de San Luis Potosí, ni vecino de su 10 distrito electoral. Presenta los siguientes documentos: acta notarial del 7 de septiembre del corriente año, en el que los CC. teniente coronel Gustavo Barragán y José Campero, certifican que el C. Gabriel Torres Garza vive en esta ciudad hace más de un año. Certificado con los timbres de ley, en el C. licenciado Rafael Santos Alonzo, senador suplente en funciones por el Estado de San Luis Potosí, hace constar que el C. Gabriel Torres Garza es originario de Antiguo Morelos, Tamaulipas. Copia del acta de matrimonio del C. Torres Garza, en la que aparece ser originario de Antiguo Morelos, Tamaulipas; sin certificar la firma del ciudadano juez 2o. del Estado Civil.
En su vida privada se casó con una joven de origen español de nombre Consuelo Tames, con quien procreo a: Maria Teresa de la Consolación Celia Torres Tames y Jose Gabriel Torres Tames.

 Creo que este antiguomorelense merece su reconocimiento.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Pasa desapercibido el 194 aniversario de Antiguo Morelos


Hoy mi municipio cumple 194 de haber sido declarada villa, fue preciosamente un 6 de mayo de 1821, en las postrimerías del virreinato de la Nueva España, cuando se le dio el título de villa Baltazar a la congregación del mismo nombre. El intento de darle ese título, data del año de 1816 cuando el gobernador le explica al comandante de las Provincias Internas de Oriente, la necesidad de que la hacienda de San Ignacio del Buey, le diera una legua por cada lado, puesto que esa propiedad tenía un inmenso territorio y bien podía hacer la cesión y así regularizar la situación del otrora Charco Baltazar.
En el año de 1821 finalmente se llega a un acuerdo, se les dan tierras realengas a los habitantes y se les cobra un renta por el uso de las tierras (cosa que se hacia desde años atrás) en lo que se regulariza la situación legal del poblado. En los años posteriores y debido a las constantes pugnas que vivió México esto tarda y es en el año de 1830 cuando el administrador de la hacienda del Buey se da cuenta que la villa de Morelos está dentro de su propiedad y se empiezan los trámites para la delimitación. En esa época familias como los Almazán, los Guillen y los Gómez de Mesillas temen perder el extenso número e tierras que le tienen rentadas ala hacienda. Es finalmente en el año de 1843 cuando se dan por concluidos los trabajos y se da fundo legal a la villa, dejando fuera del fundo a la congregación de Mesillas según se estipulo.
Como antiguomorelenses celebramos cada año la repoblación del 19 de octubre de 1920, pero jamás hemos celebrado la fecha en que se nos dio el título de villa, que en mi opinión, es un evento más trascendental.
Nota: Información obtenida del AGN y del archivo municipal de Antiguo Morelos y de la mapoteca Orozco y Berra


Mapa de la hacienda de San Ignacio del Buey

martes, 13 de enero de 2015

Un poco de historia religiosa en Antiguo Morelos durante el siglo XIX


Soldado del imperio con su esposa. 1865. Foto de Francois-Aubert


El presbítero francés Lorenzo Chandron llegó a la parroquia de Santa Bárbara (los Morelos, Santa Bárbara y Quintero) en 1864 en sustitución del cura Ramón Lozano; dos años después de la creación de la iglesia católica mexicana por parte del segundo. Según periódicos del siglo XIX, en abril de 1865 las partidas republicanas de Morelos, Escandón y Santa Bárbara echaron a Chandron en corrida, amenazándolo de muerte y sólo pudo salvarse al dejarles su caballo y pagar por su vida 560 pesos. No hubo cura en la región hasta 1867 cuando el obispo de Linares nombró al presbítero Mariano Guerra. Ramón Lozano siguió predicando en la región, estableciéndose en el rancho “El chinaco” de Gómez Farías. El pastor protestante Samuel Purdie, quien predicó en la región en los albores del Porfiriato, describe en sus memorias las visitas que le realizó a su rancho y lo describe como una persona educada y vestido con ropa elegante, mencionando que era la ropa que uso cuando fue diputado local.

Firma de don Julio Gonzalez Gea

Pastor Samuel Purdie.

El primer pastor protestante de Antiguo Morelos se llamó Julio González Gea, oriundo de Veracruz. El personaje defendió a la patria en 1847 y fue herido por la metralla norteamericana en el bombardeo a Veracruz. Posteriormente combatió a los franceses y al final de la guerra ocupó puestos políticos en el estado de Chihuahua. Posteriormente se vino a radicar a Reynosa, Tamaulipas en donde conoció a Samuel Purdie, quien lo convirtió al protestantismo y lo envió a predicar a San Fernando y posteriormente a Antiguo Morelos en donde ocupó diversos cargos políticos, como juez del registro civil. Tengo una carta de él original, de 1910, escrita a la familia Gutiérrez de Santillana de esta municipalidad. En ese año vivía en Gómez Farías.

lunes, 27 de octubre de 2014

Profr. Gaspar Barrientos Torres


La paciencia y constancia de este humilde cronista adjunto municipal rinden frutos, y finalmente pude conseguir a biografía del ameritado profesor Gaspar Barrientos, quien llegó a Antiguo Morelos a principios del siglo XX, destacándose de inmediato en la sociedad de esos años. Nació en Cruillas el 20 de septiembre de 1888 y no en Tampico como muchas personas del pueblo pensaban. Fue hijo de Florentino Barrientos Moreno y Trinidad Torres Galván; nieto de Jesús Barrientos y doña Carmen Moreno y bisnieto de Eufrasio Barrientos e Ygnes (Sic) Rivas, todos ellos de Cruillas. Sus tatarabuelos fueron don Adriano Barrientos y Ana María Cantú, oriundos de China, Nuevo León. Se casó con doña Paula Castillo y tuvo varios hijos: María (N. 1912), Artemio (N. 1915), Gaspar (N. 28 de enero de 1916), Lauro (N. 1920) y Jesús (N. 1922). En 1911 fue alcalde 3° constitucional de Antiguo Morelos. Tenía su residencia en la esquina de Juárez y Abasolo. En 1916 aún vivía en el pueblo Después de la revolución se fue a vivir a Cecilia –Cd. Madero– en donde se le consideró un gran maestro. Según la Lic. Carolina Infante, cronista de ese lugar, murió por problemas de alcoholismo. Una escuela de la comunidad 601 de Gómez Farías y otra de Madero llevan su nombre.

domingo, 23 de marzo de 2014

18 Festival de la Huasteca


Villa Juarez, Puebla, Agosto 2013.- Un servidor tuvo la fortuna de ser invitado por parte de las autoridades del ITCA del Gobierno del Estado para representar a Tamaulipas en el foro: Los Jóvenes de la huasteca y sus propuestas culturales, evento realizado dentro del Festival Nacional de las Huastecas, Xicotepec de Juárez, Puebla, 2013. A este festival acuden músicos, artesanos, danzantes, decimistas, bailadores tradicionales, trovadores, escritores y promotores culturales de los estados de Puebla, Querétaro, San Luis, Veracruz, Tamaulipas e Hidalgo y se realiza año con año en alguna ciudad de los antes mencionados. En mi participación me toco proponer la simplificación, capacitación y difusión para acceder a los programas culturales y de esa manera los jóvenes puedan llevar a cabo sus proyectos. En Antiguo Morelos hay muchos jóvenes con talento, es por ello que los invito a que se acerquen y conozcan todos los programas del ITCA y de CONACULTA y de esa manera saque adelante sus obras y proyectos de esta índole.
Así mismo, dentro de mi intervención en dicho foro, hice hincapié en la importancia de preservar nuestra historia y rescatar los archivos municipales de cada uno de nuestros municipios, para que de esa manera las nuevas generaciones conozcan sus raíces y los cronistas e historiadores tengamos fuentes confiables para nuestras investigaciones.
AGENDA DEL EVENTO Y PARTICIPANTES:FORO 9MESAS REDONDASCasa de Piedra12:15 – 14:30 Horas
Los Jóvenes de la Huasteca y sus propuestas culturales
Obed Hernández Vargas (Puebla)José Juan Hernández Hernández (Hidalgo)Hernán Andablo (Querétaro)Marvin O. Huerta Marquez (Tamaulipas)Gabino Manuel Gaspar (San Luis Potosí)Yuyulzin Pérez Apango (Veracruz)Moderador: Andrés Pascual Garci-Crespo

Onesimo Padrón Lara


N. 31 de octubre de 1950

A fines de la década de los 20´s llega al municipio de Antiguo Morelos una familia oriunda del estado de San Luis Potosí; Julián, Ángel, Juan y Sergio Padrón Ventura, quienes con la ilusión de mejores oportunidades, llegan a este municipio tamaulipeco y les toca la suerte de ser fundadores del ejido El Sauz. De esta familia desciende nuestro biografiado, quien tuvo la dicha de que fuera su padre el señor Ángel Padrón.
Onésimo Padrón creció rodeado de músicos de vara, como dicen en nuestro pueblo, oyendo canciones según comenta, como “indita mía” y “prieta linda” tocadas por sus hermanos, primos y tíos quienes se dedicaban a la música. Tuvo varios hermanos: Fortunato, quien tocaba la quinta huapanguera en el trio “tamaulipecos de Mante”; Eladio, músico de jarana de forma amateur; Honorio, quien tocaba “minuetes” en los velorios; Isidro, quien toca el violín, de ahí siguen: Altagracia, quien murió joven, Concepción, Engracia, Eustolia, Alfredo y Onésimo.
Como dato, un primo de Onésimo toco en el conjunto típico tamaulipeco, su nombre Serapio Padrón Reyes, hijo de su tío Juan Padrón Ventura.
Onésimo contrajo nupcias en un primer matrimonio y procreo a Briseida Padrón Rodríguez. Posteriormente el 15 de agosto de 1999 se casó con la señorita Nancy Martínez Rodríguez con quien procreó a Cristian Alejandro, Rosa María, Evelin Padrón Martínez.
Cuenta que aprendió los acordes de la guitarra quinta solo y oyendo a sus hermanos mayores. En 1983 formó junto a su hermano Isidro (Violín) y su primo Amador Padrón (jaranero hermano de Serapio el del típico tamaulipeco) el trio Hermanos Padrón, quienes con su estilo diferente deleitaron a mucha gente en esta región tamaulipeca.
A la muerte de su primo Amador entra al trio don Pedro Hernández - Q.E.P.D-  oriundo del Naranjo, S.L.P.
Relata Onésimo que dentro de la música se viven muchas alegrías y también se batalla y se sufre. Con sus hermanos recorría las calles de Cd. Valles, El Naranjo, Mante y Antiguo Morelos de cantina en cantina, para poder darle el pan de cada día a su familia.
En el trienio del profesor Javier Molina Barrera el ayuntamiento le obsequio a cada uno de los integrantes del trio una bonita cuera tamaulipeca y no había festival en el municipio a donde no los llevaran a tocar.
Otro de los momentos que marcaron su vida dentro  de la música, fue cuando fueron invitados a participar a un encuentro de huapangos en Xilitla, S.L.P.  Los hermanos Padrón nunca grabaron un disco de forma profesional; hay tres producciones grabadas de forma amateur, una de ellas fue precisamente en Xilitla y dos más en bares de Antiguo Morelos.
Hoy el futuro de los hermanos Padrón es incierto, don Pedro Hernández falleció, Onésimo fue amputado de una pierna, solo Isidro se mantiene activo tocando en bares de Cd. Mante.

Para finalizar la entrevista me comentó Onésimo que le gustaría que el gobernador y las autoridades del ITCA le donaran una prótesis, para de esa manera seguir trabajando en lo que más le gusta, la música de huapango.

¿La madre de Joaquín Hernández Galicia "La Quina" era de Antiguo Morelos?

Platicando en días pasados con doña Rosalva Arteaga Espriella descendiente de la familia Galicia de este municipio, me mostró esta fotografía que data del 4 de abril de 1944, en ella aparece en medio, una señora de nombre Leonor Galicia y su hermano Pedro Galicia a su izquierda. A su derecha se observa a su hijo, un niño de traje que supuestamente es Joaquín Hernández Galicia, “La quina”, ex líder petrolero nacido en Tampico, Tamaulipas el 12 de agosto de 1922. Indagando en páginas de genealogía como “familysearch” descubro que según el censo de 1930, vivía una familia en Cecilia, Tamaulipas (hoy ciudad Madero) cuya madre se llamaba Leonor Galicia y que tenía un hijo de nombre Joaquín Hernández que por la edad coincide con la del ex líder petrolero (nacido en 1922). Otro dato que me hace pensar que es muy probable esta teoría, es que en su libro autobiográfico menciona a su mama Leonor. Según me han comentado, “la quina” estudio primaria aquí en Antiguo Morelos para después irse a Tampico, esto es tradición, no he dado con la fuente para confirmarlo. Lo que si se, es que Leonor Galicia era hija de Lázaro Galicia, hermano de Pánfilo Galicia (político antiguomorelense de fines del siglo XIX) y nieta de don Porfirio Galicia y de doña Nazaria Salazar.

sábado, 22 de marzo de 2014

La Casa Embrujada de Antiguo Morelos



Por: Francisco Ramos Aguirre

Aquella mañana de noviembre de 1873, todo transcurría normal en el Rancho Allende de Antiguo Morelos. Después de ordeñar las vacas y supervisar la cosecha de maíz; Eusebio Balderas, entró a la bodega donde guardaba el algodón, y se detuvo estupefacto a la mitad de la habitación. Sus ojos no daban crédito a lo sucedido. Inexplicablemente, y sin alguien de por medio, los sacos de fibra, empezaron a trasladarse hacia el tejado de palma. Al principio atribuyó dicho fenómeno a las ratas de campo. Horas más tarde, la sorpresa fue mayúscula, cuando jorongos, almohadas, ropa y otros artículos domésticos se movían de su lugar, sin presencia de los roedores.
            Don Eusebio avisó a su esposa Alejandra Cruz y después de analizar la situación, atribuyeron la causa a los duendes o malos espíritus de la antigua casona. Para ahuyentarlos, convocaron al resto de la familia a la modesta capilla instalada del rancho.  El propósito era ahuyentar las fuerzas del mal, y por ello iniciaron un ritual de oraciones, jaculatorias, velas encendidas, incienso y agua bendita. Al día siguiente, lejos de aminorar la situación, los sucesos extraños continuaron con más fuerza.
A media tarde, doña Alejandra pasó gran parte de la jornada, seleccionando algodón para hilar. Antes de dormirse, colocó el producto de su trabajo y el malacate en un costurero. Al amanecer, encontró el canasto vacío. Después de buscar la fibra durante una hora, encontró el malacate en el tapanco. Junto a él, varios kilos de algodón hilado de extraordinaria calidad y textura, como si se tratara de un trabajo realizado por una máquina textil.
            Cuando las mujeres entraron a la cocina a preparar los alimentos, no localizaron en su lugar las manos del metate, ni la piedra para moler la salsa picante. A las pocas horas, salieron al campo, donde fueron localizados los implementos del metate, no así la bola del molcajete envuelta en un trapo y colgada en el tejado de la casa. Así, en el transcurso de los días, inexplicablemente cambiaron de lugar: servilletas, almohadas, cobijas, ropa y otros artículos. Ante tal situación, decidieron comunicarle dichos fenómenos al cura Jesús Rodríguez de la parroquia de Antiguo Morelos.
El opinó sobre la presencia de brujas,  diablos y duendes en ese lugar. Por tal motivo,  dispuso bendecir y lanzar algunos conjuros en la casa. Una noche, al entrar el clérigo a la habitación más amplia, poseída por los malos espíritus; Eulogia Balderas, hija de Eusebia, se quitó el reboso ante la presencia y lo colocó en una grada. Minutos más tarde la familia y el sacerdote, se percataron que había desaparecido. Entonces lo buscaron infructuosamente por varias horas. Como último recurso, abrieron con una llave la cerradura de un viejo baúl y sacaron la ropa, pieza por pieza. En el fondo, estaba el rebozo, cuidadosamente doblado. Al desplegarlo, se fragmentó en cuatro tiras, perfectamente cortadas con tijeras.
Éstos y otros extraños fenómenos, continuaron presentándose varios días. Otras veces, ante la vista de familiares y vecinos, flotaban en el aire: metates y costales de sal que luego se derramaban en el suelo. Cierta ocasión, las jóvenes Plácida y Anacleta, extrajeron de la noria dos cubetas de agua, y en trayecto, las correas que las sostenían se desataron. Ambas mujeres fueron sujetadas y arrastradas  varios metros por la reata. En tanto, en presencia de algunos testigos,  manos invisibles accionaron unas tijeras y cortaron las trenzas a la misma Anacleta. Igual sucedió a Lucía de cinco años, a quien despojaron de sus trencitas. Otras veces, aquellos seres invisibles  lanzaban piedras, sin que les causaran daño.
Los Balderas acudieron nuevamente al presbítero de Morelos, quien les recomendó consultaran a Ramón Lozano, un ex sacerdote que vivía en la Hacienda del Tigre. “Esto no tiene ninguna semejanza con diablos, brujas o duendes. No crean en eso, sino en un Dios todo poderoso.” Les dijo, mientras se declaraba incompetente para descifrar los raros acontecimientos. En cambio les entregaba una carta dirigida a un espiritista de la Villa de Quintero.
Desesperado, antes de regresar a su terruño, Balderas visitó algunos amigos en Ocampo y les platicó sus inquietudes en busca de un consejo. Unos se inclinaban por los diablos, otros afirmaban que eran duendes traviesos; mientras las mujeres atribuían los males a las brujas.
Cuestión de fe o casualidad; después de acudir con el brujo de Quintero y acatar sus recomendaciones al pie de la letra;  increíblemente los misteriosos acontecimientos se suspendieron de la noche a la mañana. A partir de ese momento, la tranquilidad reinó de nuevo en la casa de aquella familia.

(Basada en una nota del periódico El Radical, México, D.F, 22 de marzo de 1874, p. 1)

Ramón Lozano: El padre Amaro del siglo XIX



Por: Francisco Ramos Aguirre

A fines de esa centuria, el sacerdote protagonizó una escandalosa relación en Santa Bárbara, hoy cabecera de Ocampo; a viento y marea defendió su amor terrenal y abrió la puerta a otros curas que cedieron a esa tentación

Desde sus orígenes coloniales, Tamaulipas se distinguió como un territorio renuente a la evangelización de los frailes católicos. Esta percepción de estado laico, se reflejó en el siglo XIX y parte del XX. En 1910, durante un recorrido por las principales poblaciones de la entidad, el viajero italiano Adolfo Dollero, percibió entre otras cosas, la postura anticlerical de sus habitantes y escribió en su diario: “Hemos podido observar que en Tamaulipas no hay ese fanatismo religioso que domina en otros estados de la República. El pueblo tamaulipeco es bueno, pero no tolera yugos ni vejaciones.”
Al proclamar Benito Juárez las Leyes de Reforma, algunos sacerdotes, adoptaron conductas radicales respecto a su manera de pensar. Por su trascendencia internacional, el caso más sonado fue el del presbítero Ramón Lozano, encargado de la parroquia de Santa Bárbara, actual cabecera municipal de Ocampo, donde se ganó el aprecio y confianza de los feligreses que acudían a escuchar sus sermones. 
La primera referencia sobre su estancia en este sitio, se remonta a 1853, como fundador de una escuela parroquial, donde impartía gratuitamente la cátedra de gramática latina a los niños pobres de la población. Tenía una enorme autoridad, no sólo en Santa Bárbara, sino también en Nuevo Morelos, Tula, Villa Quintero y Magizcatzin. Gracias a sus buenos oficios, logró establecer vínculos con las élites políticas y económicas de aquella época.
Santa Bárbara era una población ubicada en un punto geográfico estratégico. Paso obligado de viajeros, comerciantes, autoridades, arrieros y caravanas que se trasladaban entre Tampico y la capital del país. En 1823, el famoso embajador norteamericano Joel Poinsett, la describe como un sitio rodeado de vegetación exótica y abundantes árboles verdosos. Las mujeres ricas y republicanas, se congratulaban con la independencia porque gracias a ella: “Ahora que ya no nos gobiernan los gachupines, nos llegarán bonitas telas a precios baratos.”
Refundido en aquél vergel enclavado en la Sierra Madre Oriental y difícil acceso; fascinado por las bellezas femeninas de Santa Bárbara, el cura Lozano cometió la barbaridad de enamorarse de una doncella, quien le hizo perder no sólo la cabeza, sino también los votos de castidad y obediencia. Se  llamaba Cesaria Quintero, perteneciente a una familia de abolengo. Como se dice en la actualidad, don Ramón la eligió de pareja sentimental y vivieron un indiscreto romance hasta que la muerte los separó. Todo el pueblo sabía de sus amoríos, menos las autoridades eclesiásticas, o al menos se hacían de la vista gorda.
Desde 1854, Lozano empezó a mostrarse rebelde ante la jerarquía católica, participando con otros curas en reuniones donde trataban temas reformistas para su iglesia. Por ello, cuando se promulgó la Constitución de 1857, no dudó en simpatizar con ese proyecto liberal y acudió a la protección de las Leyes de Reforma. Sin titubeos, fuera de simulaciones y doble moral, determinó provocar un escándalo, capaz de rebasar los límites de Tamaulipas.
El 9 de enero 1861, envió al Congreso del Estado un documento solicitando el reconocimiento ciudadano de sus hijos “naturales”: “El presbítero Ramón Lozano, cura propio de Santa Bárbara, ante V.H. con profundo respeto comparezco que tengo un niño, hijo mío de cuatro a cinco años de edad, llamado Ramón. Otro de tres a cuatro, llamado Pedro; y una niña de once meses llamada Cesaria, cuya madre es doña Cesaria Quintero, de quien han tomado el apellido y llamádose hijos naturales; que los quiero como a nadie sobre la tierra, y aspiro a su bienestar, educación y felicidad como el mejor de los padres, deseando por lo mismo tengan los goces y beneficios que la ley concede a los hijos legítimos. Y sin que esto no podrá ser, sin que intervenga en ello la Soberanía del Estado.” 
Esto, desde luego motivó una gran polémica entre los diputados, motivo por el cual corrieron ríos de tinta en los periódicos locales y nacionales. Por su parte la iglesia católica, en la voz del obispo de Linares, Francisco de Paula Verea y González, satanizó su actitud desde el púlpito. En abril de ese año publicó una carta pastoral, cuestionando la actitud del párroco y desaprobando los sacramentos que impartiera. Además amenazó con excomulgarlo por haber legitimado a sus hijos. Se refiere a él con calificativos agravantes: “Párroco Desgraciado”, “Desdichado”, “Su corazón será devorado por los más atroces remordimientos” y “abominable”.
Lozano defendió su proceder enviando una carta aclaratoria con mucha salva al periódico: Rifle de Tamaulipas. Pone de ejemplo la conducta de otros sacerdotes pertenecientes a la misma parroquia de Santa Bárbara: “Todos mis antecesores…fueron tan frágiles como yo: los más virtuosos y modestos tuvieron hijos que aún viven en la miseria, por no haber cumplido sus padres con los deberes de la naturaleza.” Argumenta que la Mitra de Monterrey, en lugar de sancionarlos, los premiaba asignándoles mejores lugares para propagar la fe.
La principal causa de la ruptura entre Lozano y la jerarquía eclesiástica no fueron las pasiones carnales ni su ideología liberal. La gota derramadora del vaso de agua fue la convocatoria a los feligreses de Santa Bárbara y Nuevo Morelos, exhortándolos a fundar una nueva organización religiosa, independiente de Roma. Así surgió La Iglesia Católica, Apostólica, Mexicana de Santa Bárbara, la cual no se desligaba de la fe católica, pero en cambio apoyaba la libertad de conciencia y las Leyes de Reforma. Acepta la autoridad  del obispo de Linares, siempre y cuando se someta a los lineamientos de la nueva institución. Mientras tanto, la cabeza y pontífice, sería en mismo Lozano. 
La nómina de pobladores quienes apoyaron dicho proyecto era numerosa. Estaba conformada principalmente por varones, animados por la euforia de una iglesia reformista amparada en el estado mexicano. Ante esta situación el presbítero se vio obligado a separarse  de sus funciones parroquiales y fue sustituido por el padre Antonio Aranda. Lozano determinó dedicarse a la política, y en 1871 lo encontramos desempeñándose como diputado local. Incluso, desde su curul promovió el matrimonio civil entre algunas parejas que vivían en amasiato. Sin embargo, la llegada de Porfirio Díaz al poder esa misma década, habría de truncar sus aspiraciones.
El cura rebelde decidió retirarse a la vida privada y familiar en Gómez Farías. Calificado como una persona de gran capacidad e instrucción, su influencia regional continuó vigente entre los pobladores. En 1874 el señor Félix Balderas acudió a la Hacienda del Tigre, probablemente propiedad de Lozano, para exponerle un fenómeno sobrenatural relacionado con brujas, duendes, diablos y aparecidos en su rancho Allende, perteneciente a Nuevo Morelos. El cura les recomendó creer solamente en Dios Todopoderoso y turnó el asunto a un adivino en Villa de Quintero, encargado de finalizar el hechizo.  

En 1879 el misionero protestante Samuel A. Purdie, acudió a visitarlo en su casa del Rancho El Chinaco. La conversación se relacionó con asuntos religiosos. Hasta ese momento el controvertido cura continuaba en el llamado Vergel de Tamaulipas. Ignoramos si se trasladó hacia otro sitio de la República Mexicana, su fallecimiento y el futuro de su descendencia. Lozano es un personaje sujeto de la historia del catolicismo en México y las rupturas a lo largo del tiempo. 

Visita de Luis Donaldo Colosio a nuestra región


Luis Donaldo Colosio inicio poco después de haber sido "destapado" la campaña en las Huastecas, durante la cual el 20 de enero de 1994 visitó Ciudad Mante para de ahí dirigirse a la ciudad de Ocampo, Tamaulipas. En El Mante Colosio volvió sobre otro tema, el de la procedencia regional: consignaba que había llegado "a hablarles como lo hacemos en el norte, de frente, sin rodeos y con claridad". Sin duda alguna la frase con la que pasara a la historia, es aquella que mencionó el 6 de marzo de 1994 en el monumento a la revolución, en un aniversario más de nuestro instituto político. "Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”

 
 En esta foto de Colosio en ciudad Mante, podemos ver al entonces alcalde de Antiguo Morelos, Alberto Rostro Armendáriz, quien aparece junto a otros personajes de la política regional.

sábado, 26 de enero de 2013

La Mujer Triste: ¿Has visto a mi hijo?

antiguo-morelos

Jorge Zamora
http://enpublico.mx/


Salimos de Ciudad Mante a eso de las 8 de la mañana y 40 minutos después ya estábamos entrando al pueblo. Mi “Jefecito” era ya un señor de edad avanzada y yo apenas tenía 8, “llegaste tarde pero llegaste bien” siempre me decía con el amor que sólo un padre tardío puede expresar.Recuerdo muy bien la primera vez que visité Antiguo Morelos. Era yo muy niño y mi padre fue en su camioneta a recoger un viejo motor de 8 cilindros que había comprado.

Mecánico de toda la vida, no perdía momento para explicarme cada cosa y cada pieza que llegaba a mis manos: “este es un distribuidor y esta es una bujía” son algunas frases que aún retumban en mis oídos.
Pero ese viaje a Antiguo Morelos pasó a ser una experiencia que no iba a olvidar por otros motivos.
Llegamos a la casa de Don José, ahí por la calle Zaragoza y nos recibieron con una mala noticia.
-Don José no’sta, se fue a Ciudad del Maíz en la madrugada porque su hermano Jaime se puso malo, pero llamó por teléfono y dijo que llegaría “mas tardecito”- nos dijo una vecina que amablemente había accedido a darnos el recado.
-Oiga ¿y no dijo más o menos a qué hora llegaría? – Pregunto mi padre con toda la ecuanimidad de sus 58 años.
- Pos dijo que como a las 12, pero pues el motor ahí esta enganchado a la cadena, dijo que si deseaba lo fuera subiendo pa’ llevárselo- Respondió aquella señora
-No, mejor espero a que llegue, faltaba más- Dijo mi “apa” y nos retiramos.
Reverseó su querida camioneta modelo 62 y fuimos a buscar algo para almorzar. Nos detuvimos en un puesto de tacos de barbacoa que devoré con mucho gusto.
Nos estacionamos más tarde frente a la carretera que en aquel entonces no llevaba mucho trafico, él, se acomodo la cachucha y se reclinó en el asiento de la troca.
-Échate una pestañita- me dijo, pero para un niño de 8 años eso no es una opción… y el reloj empezó a correr.
Ya me desesperaba, de tanto esperar, cuando en alguna casa sonó el “Ave María” que trasmitían en una estación de radio y mi papá se despertó.
-Ya son las doce, “amonos” por el motor.
Llegamos de nuevo a aquella casa que tenía un solar enorme y volvimos a tocar aquel zaguán de metal con tela ciclón.
-¡Buenaaaaaas! Grito mi papá al tiempo que golpeaba un poste con una moneda de 10 pesos, de esas que tenían como 7 lados.
-¡Oiga me llamó Don José, que ya mero llega, que por favor no se vaya! Dijo la vecina asomándose de su casa con un colador lleno de arroz en la mano.
-¡Ta’ bueno! Dijo mi papá al tiempo que mascullaba alguna mala palabra entre dientes, pero que no quiso que yo escuchara.
Y ahí nos sentamos, bajo la sombra de una bugambilia. Mi padre encendió un cigarro sin filtro y empezó a cantar una canción de Cornelio Reyna.
La espera se prolongó hasta las 3 de la tarde, hora en que llegó Don José, que a sus 70 años se veía fuerte como un roble, y que primeramente se disculpó por la tardanza. Nos invitó a comer para compensarnos por la espera. Mi padre accedió porque acá entre nos era un tragón de primera y a esa hora ya le “andaba de hambre”
Terminamos de comer y Don José sacó un pomo de vino. “Esto va a tardar” pensé en mi mente infantil, pero que ya conocía las “tardanzas” de mi papá. No me quedó mas remedio que encontrar algo en que entretenerme.
Casi a las 6 de la tarde, y al borde de la desesperación. Me puse a vagar por aquellas calles. Me resultaba extraño que estuvieran casi vacías, sin gente caminando por las banquetas de tierra. El tiempo se me fue entre lanzar piedras a los gorriones y esquivar uno que otro perro. Fue ahí cuando pasó.
Alguien tocó mi cabeza y volteé. Era una señora, no muy grande, pero no muy joven, pero llena de arrugas que me miraba con una expresión de tristeza en su rostro.
-¿No has visto a mi hijo?- Me preguntó. Yo moví la cabeza en señal de negación y se sonrió al tiempo que medio dibujó una sonrisa en sus labios.
-Es como tú, así chiquito pero morenito, trae un pantalón café y una camisa blanca, se fue desde la mañana a la parcela a dejar lonche pero no ha regresado, ¿seguro que no lo has visto?- volvió a preguntarme aquella señora que demostraba una profunda angustia.
-No, no ha pasado nadie por aquí, y yo he estado aquí desde la mañana- respondí
La señora de pronto soltó un horrible grito de lamento y empezó a caminar. En ese momento me di cuenta de que no tenía pies y que iba como flotando.
Yo me asuste y no se me ocurrió otra cosa que correr a aquella casa donde estaba mi papá, que ya me estaba silbando para encontrarme.
-¿Donde andas mi’jo?- me pregunto mientras yo lo abrazaba muy asustado.
-¡Una señora, una señora que no tiene pies!- gritaba y lloraba yo muy alterado
- No mi’jo esa señora no existe… tranquilízate.
-¿Dónde viste a esa señora? Me pregunto Don José, mirándome fijamente a los ojos.
- Allá por el callejón aquel (En la calle Mina)- dije entre sollozos
- ¿Qué pasa en ese callejón? – dijo mi papá, ya un poco preocupado.
- Pos, a mi no me ha tocado ver, pero dicen que por esta calle, la Zaragoza, se aparece una mujer, unos dicen que es la llorona, otros le dicen “la mujer triste” – respondió Don José – Es una señora que perdió a su hijo hace como cuarenta años, y nunca lo encontró, era un niñito así como tu hijo, chiquito, como de 8 o 9 años. Se aparece por toda esta calle, ahí a la altura de la Logia y se desaparece en el callejón que hace con la Calle Mina- relato al tiempo que terminaban de asegurar aquel motor de 8 cilindros que ya habían trepado a la caja de la camioneta.
Mi padre se puso muy serio, estrecho la mano del anciano, me cargo y me subió a su vieja camioneta ’62.
Yo me quede dormido en el asiento durante el viaje de regreso a Ciudad Mante. Lo último que recuerdo fue que me acariciaba el cabello y enojado decia: ¡Pinches lloronas!
Ver noticias relacionadas con: